Milei y la economía argentina: ¿Estabilidad cambiaria frente a una recuperación desigual?

Milei y la economía argentina: ¿Estabilidad cambiaria frente a una recuperación desigual?

A medida que finaliza el primer semestre de 2026, es crucial hacer un balance del desempeño económico de Argentina. Durante más de diez años, la economía del país ha enfrentado inflación elevada y devaluaciones recurrentes de su moneda. Como resultado, el nivel de actividad económica se ha mantenido estancado, y el ingreso promedio de la población ha disminuido alrededor del 10%. Por lo tanto, es fundamental evaluar primero el frente externo y la inflación, ya que son los principales obstáculos que afectan a la economía en su conjunto.

Un desempeño sobresaliente en el frente externo

En el primer semestre, el desempeño del frente externo ha sido notable. La balanza comercial alcanzó el superávit más alto en la historia reciente, impulsado por una destacada campaña oleaginosa y una notable mejora en el sector energético, beneficiado por el aumento de los precios internacionales del petróleo.

Este superávit generó un importante excedente de divisas en el mercado cambiario, permitiendo al Banco Central realizar compras históricas de divisas, cercanas a los 11.200 millones de dólares. Esto ha sido clave para enfrentar los pagos de deuda externa y fortalecer el balance de la autoridad monetaria.

Cabe resaltar que este éxito se debió al cambio de enfoque del Gobierno, que el año pasado optó por no permitir que el Banco Central interviniera en el mercado cambiario para acumular divisas, una decisión criticada por diversos analistas económicos.

La acumulación de reservas es vital para la sostenibilidad del tipo de cambio y uno de los principales indicadores que los mercados internacionales consideran para evaluar la capacidad de pago de un país. Esta situación ha contribuido a una disminución sostenida del riesgo país a lo largo del semestre.

Inflación en descenso, pero aún elevada

En relación a la inflación, en junio se registró un aumento del 1,9% mensual, marcando tres meses consecutivos de descenso. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la inflación actual es más alta que hace un año. Este comportamiento fue influenciado por incrementos significativos en precios clave, como el dólar durante las elecciones de medio término, la carne a finales del año pasado y el combustible en los primeros meses de este año. Aunque estos factores han comenzado a disiparse, se espera que la inflación continúe disminuyendo en el corto plazo.

Un análisis más amplio revela que, en los últimos ocho años, la inflación se ha mantenido por debajo del 2% mensual en solo el 7% de los casos, siendo cuatro de esos meses durante el actual gobierno. A pesar de esto, la inflación sigue siendo elevada en comparación con la media de Brasil, Chile y Uruguay, que es del 0,5% mensual, lo que indica que alcanzar esos niveles llevará tiempo.

Un panorama económico estancado

La actividad económica se presenta, en el mejor de los casos, estancada. El último dato oficial de mayo muestra una contracción del 1,5% en lo que va del año. Los indicadores sectoriales de junio no son alentadores, lo que dificulta la posibilidad de un repunte en la actividad.

Una de las principales diferencias en comparación con el año anterior es el freno del crédito bancario, impulsado por el aumento de las tasas de interés a niveles récord durante el segundo semestre del año pasado. Esta decisión dejó de lado cualquier intervención por parte del Banco Central en el contexto de las políticas de no intervención en los mercados.

Además del estancamiento, el panorama económico presenta una heterogeneidad notable. A lo largo de la gestión actual, los sectores exportadores, como el agropecuario, la minería y el energético, junto con el sector bancario, han sido los principales beneficiarios, mientras que la industria, el comercio y la construcción han sido los más perjudicados.

Un mercado laboral en deterioro

El descenso de la actividad económica no ha tenido un impacto significativo sobre el desempleo, que en el primer trimestre se situó en el 7,8%, un ligero incremento respecto al 7,5% anterior. Sin embargo, se ha observado un incremento en la informalidad laboral, que ha subido 1,2 puntos porcentuales, alcanzando el 44,2%.

Se ha evidenciado una reducción considerable de trabajadores en empleos formales, con casi 200.000 menos, lo que ha sido compensado por el aumento de puestos informales (aproximadamente 147.000). Esta situación explica el leve incremento en la tasa de desempleo.

Los sectores más afectados en la pérdida de empleos fueron, como se esperaba, la industria y el comercio, que explican la mitad de la caída del empleo formal. Aunque es positivo que, a pesar de la recesión, el desempleo se haya mantenido casi constante, la realidad es que el mercado laboral se ha deteriorado notablemente. Los empleos informales no gozan de los derechos y beneficios que tienen los trabajos formales y suelen ofrecer ingresos inferiores.

Disminución de ingresos y aumento de gastos

Con una actividad económica en leve retroceso y un aumento en los empleos de menor remuneración, el ingreso de las personas también ha disminuido. A esto se suma el aumento en los servicios públicos, que ha superado la inflación, en medio de una política de ajuste tarifario. Estos ajustes tienen un alto impacto en el gasto público debido a los subsidios otorgados por el Estado.

A lo largo del año, el ingreso real ha disminuido un 1,4%. Mientras tanto, el ingreso real disponible, que considera los gastos fijos, ha caído un 2,8% en comparación con 2023. En términos absolutos, los ingresos se encuentran un 10% y 16,5% por debajo de los niveles de 2023, respectivamente.

Es importante destacar que, en 2023, las tarifas estaban atrasadas y resultaban en precios muy bajos. Aunque la corrección de tarifas era necesaria, su implementación ha deteriorado el poder de compra. Esto significa que las familias ahora dedican una parte mayor de su ingreso a cubrir servicios esenciales, restringiendo así su capacidad de consumo.

Además, la reducción del ingreso real se ha observado desde agosto del año pasado y está ligada al proceso de aceleración inflacionaria. Si la inflación continúa en descenso, existe la posibilidad de una recuperación gradual de los ingresos.

Aumento de la morosidad familiar

Un dato preocupante que ha surgido en los últimos meses es el notable incremento de la morosidad entre las familias, la cual se ha más que duplicado en comparación con niveles previos. Este aumento es resultado de un incremento fuerte en el crédito entre 2024 y mediados de 2025, combinado con las tasas récord aplicadas posteriormente y la caída de los ingresos.

La situación actual indica que la economía funciona a dos velocidades: los sectores exportadores muestran resultados favorables, pero la industria, la construcción y el comercio siguen debilitados. Esta discrepancia es significativa, ya que, mientras los primeros son cruciales para sostener el frente externo, los últimos son esenciales para el empleo y los ingresos familiares.

Por lo tanto, abordar la heterogeneidad del crecimiento es crucial para evitar que la estabilidad cambiaria coexista con informalidad, salarios bajos y un consumo estancado. La segunda mitad del programa enfrentará desafíos mayores, ya que no será suficiente con enfocar en la estabilidad macroeconómica; será necesario traducir esta estabilidad en mayor producción, empleo de calidad y una efectiva recuperación del poder adquisitivo.

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