Javier Cercas revela detalles de su nuevo libro ‘El periódico de la democracia’

Javier Cercas revela detalles de su nuevo libro 'El periódico de la democracia'

El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 representa un hito fundamental en la historia de la democracia española. Este evento no solo es recordado como un intento fallido, sino que se ha convertido en un mito que mezcla verdades y falsedades, en su mayoría impulsadas por la percepción de que fue una tentativa cómica y mal ejecutada. Sin embargo, esta interpretación minimiza la seriedad y las implicaciones del suceso.

La situación política en España antes del golpe

En 1981, España atravesaba un periodo de gran polarización política y descontento social, derivado de la inestabilidad gubernamental y una crisis económica severa. La resignación ante la situación generó que muchos ciudadanos, tanto dentro como fuera del país, no comprendieran la grave amenaza que representaba el golpe. La falta de confianza en el gobierno de Adolfo Suárez sumado a la escalofriante actividad de ETA, que alcanzó su máximo nivel en 1980, avivaba aún más el ambiente de incertidumbre.

EL PAÍS y su actuación durante el golpe

El diario EL PAÍS fue uno de los pocos medios que se atrevió a plantarle cara al golpe. En la tarde del 23 de febrero, su director, Juan Luis Cebrián, recibió la noticia de la ocupación del Congreso mientras realizaba una entrevista. La magnitud del evento se hizo evidente rápidamente, y en medio del caos, se tomó la crucial decisión de publicar una edición extraordinaria del periódico, contraviniendo el clima de miedo que envolvía al país.

Alrededor de las diez de la noche, EL PAÍS imprimió un número especial que contenía un mensaje directo y contundente: “Golpe de Estado. EL PAÍS, con la Constitución.” El editorial, escrito por Javier Pradera, hacía un llamado a la defensa de la legalidad y la democracia, afirmando que los golpistas debían ser juzgados y condenados.

Impacto del editorial

El editorial destacaba la gravedad de la situación y el deber de los ciudadanos de movilizarse en defensa de la democracia, a pesar de que la respuesta popular fue muy limitada. Esta falta de reacción puede atribuirse al desánimo generalizado en la población, que aún recordaba las cicatrices de la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Poco después de su publicación, las palabras del periódico comenzaron a resonar en el Congreso, donde algunos parlamentarios informaron haber visto copias del diario. Esto contribuyó a crear un atisbo de esperanza entre los ciudadanos, que escuchaban las noticias a través de la radio.

Desenlace y legado del golpe

A medida que avanzaban las horas, el desenlace del golpe se tornó más claro. La defensa de la democracia fue finalmente reafirmada por el Rey de España en un discurso televisado que se convirtió en un baluarte contra la insurrección. EL PAÍS, tras varias ediciones, certificó la derrota del golpe alrededor del mediodía del siguiente día, reafirmando la vigencia de la Constitución.

Setenta y dos horas después del intento de golpe, el periódico continuó informando la culminación de la crisis política, asegurando que los miembros del Gobierno y el Parlamento habían sido liberados. Estas acciones consolidadas de resistencia periodística culminaron en un reconocimiento a EL PAÍS como el «periódico de la democracia».

La historia del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 es un relato de lucha y resistencia. Aún hoy, se le recuerda como un momento clave en que las instituciones democráticas de España enfrentaron una de sus pruebas más difíciles.

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