Daniela Rodríguez, una bogotana de 29 años, recientemente se vio en la necesidad de cambiar de celular. Aunque contaba con tarjeta de crédito, su límite no era suficiente para cubrir el costo del nuevo dispositivo. En la tienda, le ofrecieron financiar la compra a través de una fintech, que le aprobó casi la totalidad del precio del móvil: tres millones de pesos (alrededor de 880 dólares). Este préstamo tenía una tasa efectiva anual del 49% y debía ser pagado en 18 cuotas.
La rapidez del proceso fue notable; firmó el contrato en cuestión de minutos, sin prestar atención a los detalles de la letra pequeña. Actualmente, se encuentra pagando la segunda cuota y, aunque reconoce que el servicio le ha facilitado la adquisición del teléfono, no puede evitar sentirse indignada por el alto costo del financiamiento. “Procuro pagar casi el doble de la cuota cada mes para abonar a capital”, explica sobre su estrategia para mitigar el impacto de los intereses acumulados.
A pesar de sus esfuerzos, a veces siente que la deuda sigue aumentando. “Qué desespero”, dice, reflejando la frustración de alguien que ha revisado su situación financiera más de una vez.
