“En medio del camino de la vida…”, Dante Alighieri.
En marzo de 1996, una llamada telefónica transformó mi vida de manera irrevocable. En ese momento, era un joven escritor cubano de 35 años que había decidido dar un salto al vacío, abandonando mi puesto como jefe de redacción de una revista cultural para convertirme en el primer escritor independiente de Cuba. Era un período en el que la isla atravesaba una grave crisis económica, y la incertidumbre sobre el futuro era constante. Sin embargo, mi pasión por la escritura me impulsó a seguir adelante.
Tres meses después de iniciar esta arriesgada travesía, recibí la inesperada noticia de que mi novela Máscaras había ganado el Premio Café Gijón de 1995. Este reconocimiento llegó en un momento crucial, justo cuando me había convertido en escritor independiente. El premio no solo significaba un incentivo económico sino también una luz en el camino hacia una posible salida de la penumbra en la que me encontraba. Fue entonces cuando sonó el teléfono, y mi vida cambió nuevamente.
Beatriz de Moura, fundadora y directora de la editorial Tusquets, me ofreció la oportunidad de publicar mi novela. Para un escritor como yo, sin recursos ni oportunidades visibles, era un sueño que superaba cualquier expectativa. Tusquets era, y sigue siendo, una de las editoriales más prestigiosas de habla hispana, conocida por publicar grandes autores como Milan Kundera y Marguerite Duras.
En un viaje a España para recibir el Premio Café Gijón, junto a mi esposa Lucía, entré por primera vez en las oficinas de Tusquets, donde me reuní con Antonio López Lamadrid, quien se convirtió en una figura clave en mi carrera literaria. Allí, Beatriz de Moura, con su carisma y confianza, me comunicó que mi libro sería publicado en enero de 1997. Al salir de esa reunión, Lucía me dijo una frase que resonó profundamente: “Bueno, ahora sí eres escritor”. Y efectivamente, así empecé a serlo.
Mi relación con Tusquets Editores ha durado ya tres décadas, durante las cuales he publicado más de veinte títulos en diversos idiomas, participado en eventos internacionales y recibido varios premios. Mi gratitud hacia Beatriz de Moura y su visión editorial es inmensa, pues ella vio en mi trabajo un potencial que ni yo mismo había imaginado. Gracias a su apoyo, mi obra ha encontrado un lugar en el mercado literario, a pesar de las dificultades de publicar en Cuba.
Cabe mencionar que mi experiencia con Beatriz no siempre fue sencilla. Su enfoque riguroso y, a veces, exigente, podría resultar desafiante. Sin embargo, colaborar con ella fue un proceso enriquecedor, ya que siempre aspiraba a que cada autor produjera su mejor trabajo, lo que creó un ambiente propicio para el crecimiento literario.
El legado que Beatriz de Moura dejó en el ámbito editorial es significativo. A pesar de su partida de Tusquets, su influencia continúa marcando el rumbo de la editorial que ayudó a construir. Beatriz poseía una habilidad especial para anticipar el potencial de sus autores, lo que la convirtieron en una gran editora.
Con la muerte de Beatriz de Moura, se cierra un capítulo importante de la historia editorial en el ámbito hispanohablante. Su ausencia deja un vacío difícil de llenar. Confío en que su legado perdure y que su espíritu siga guiando a las nuevas generaciones de escritores.
Gracias, Beatriz.
