Un libro-fósil en la Feria del Libro de Buenos Aires
Durante la 50ª edición de la Feria del Libro de Buenos Aires, se presentó un libro-fósil, resguardado bajo capa de corteza, que se encontraba casi camuflado con la madera de un tronco. Este ejemplar fue parte de la biblioteca de la familia de Ernesto Blanco, quien lo enterró en 1976 en el patio de su hogar en San Gregorio, provincia de Santa Fe, ante el temor de la dictadura militar que tomó el poder el 24 de marzo de ese año. Los libros pertenecían a Joaquín, un estudiante y militante socialista, y permanecieron bajo tierra durante 42 años. Aunque al ser desenterrados no eran legibles, se convirtieron en testimonios únicos de un pasado en el que la censura y la persecución por ideologías políticas fueron comunes, resultando en el secuestro, tortura y desaparición de miles de argentinos.
Censura y represión cultural en la dictadura
La exposición Censura planificada. Los libros en la mira de la dictadura ilustró las formas en que el régimen militar atacó a la cultura entre 1976 y 1983. Durante este período, las fuerzas militares allanaron editoriales como Eudeba y el Centro Editor de América Latina, logrando la clausura de muchas de ellas y el secuestro de material considerado subversivo. Un evento significativo ocurrió el 26 de junio de 1980, cuando fueron incineradas 24 toneladas de libros, equivalente a un millón y medio de ejemplares.
Valientes del pensamiento
Daniel Divinsky y Ana María Kuki Miler, creadores de Ediciones La Flor, fueron encarcelados durante 127 días tras la denuncia de la esposa de un general que consideró una de sus obras como una burla hacia el ejército. Fueron liberados gracias a un movimiento solidario de escritores y editores nacionales e internacionales, y pasaron un tiempo en el exilio hasta el regreso de la democracia.
Durante este tiempo, muchos escritores optaron por destruir parte de su trabajo. María Negroni, autora de El corazón del daño, recordó cómo, a la edad de 24 años, se deshizo de sus libros y discos por miedo. “No tengo recuerdos de lectora porque estaba muy ocupada en que no me mataran”, confesó en una de las mesas redondas del ciclo 50 años de escrituras y lecturas en Argentina.
Recuerdos de exilio y represión
Clara Obligado, quien era estudiante de Letras en 1976, se exilió a España poco antes de que los militares la buscaran. Vicente Battista, aunque ya se había ido, no pudo escapar del saqueo que sufrieron sus padres cuando las fuerzas militares entraron a su hogar, llevándose todos sus recuerdos.
La exposición presentó una abundante colección de libros censurados durante la dictadura, incluidos títulos como Ganarse la muerte de Griselda Gambaro y cuentos infantiles como Un elefante ocupa mucho espacio de Elsa Bornemann. Muchos de estos ejemplares fueron destruidos o secuestrados.
Tomás Eloy Martínez, cuyas obras figuraban en las listas de peligrosidad del régimen, recordó en la inauguración de una lectura maratónica que “la memoria del pueblo siempre será más larga que la astucia de quienes lo reprimen” y subrayó la resiliencia del pensamiento crítico ante la censura.
El legado de la censura y la lucha actual
Durante la feria, autores reflexionaron sobre el miedo vivido en aquellos años y advirtieron sobre las formas modernas de censura, haciendo mención del cierre temporal de la Casa Rosada a los periodistas por parte del Gobierno de Javier Milei, además de la reciente campaña contra libros considerados inapropiados en el ámbito escolar.
Algunos autores, como Luisa Valenzuela, eligieron el exilio para escapar de la represión, mientras que otros, como Juan Sasturain y Liliana Heker, decidieron permanecer y resistir. A pesar de las dificultades, reconocieron que la escritura y la cultura continuaron floreciendo a través de talleres literarios, donde se reunían discretamente para compartir ideas.
La riqueza de la Feria del Libro
El conmemorativo 50 aniversario del golpe militar fue uno de los ejes centrales de esta edición de la Feria, que también celebró medio siglo de su existencia. Con una asistencia de 1,3 millones de visitantes, la feria se consolidó como el evento literario más destacado de Buenos Aires, superando en un 10% la asistencia del año anterior.
