Inflación en Argentina: ¿Por qué persiste el problema?

Inflación en Argentina: ¿Por qué persiste el problema?

Recientemente, se difundieron los datos de inflación correspondientes a marzo, lo que representa un desafío significativo para el Gobierno de Javier Milei. Aunque se anticipaba un aumento debido al impacto de los combustibles y factores estacionales, el incremento del 3,4% resultó sorpresivamente elevado.

Esta situación es alarmante, ya que no se trata de un simple desvío ocasional. Tras alcanzar un mínimo del 1,5% en mayo de 2025, la inflación, en lugar de disminuir, ha comenzado un aumento lento pero constante que se ha prolongado por varios meses.

El ministro de Economía, Luis Caputo, al comentar sobre el mal resultado de marzo, explicó que este es consecuencia de una corrección de precios relativos, que incluye aumentos en tarifas, precios de combustibles en medio del conflicto en Medio Oriente, y el precio de la carne, así como el impacto estacional del inicio de clases. Según datos del Instituto de Estadísticas y Censos (Indec), los precios regulados subieron un 5,1%, Educación un 12,1%, Transporte un 4,1% y Alimentos y bebidas no alcohólicas un 3,4%, siendo la carne una de las principales causas del incremento.

Sin embargo, esta explicación aborda solo una parte del panorama. Si la inflación estuviera bajando únicamente por problemas de precios relativos, la inflación subyacente debería mostrar una tendencia claramente descendente. No obstante, en marzo, la inflación núcleo se situó en 3,2%, apenas por debajo de la tasa general. Esto indica que, al excluir los precios regulados y estacionales, la dinámica inflacionaria se mantiene similar.

Para minimizar este punto, el Gobierno presentó una inflación «núcleo pero sin la carne», que resultó en un 2,5%. No obstante, incluso aceptando este enfoque metodológico, las cifras siguen mostrando un aumento sostenido de la inflación en los últimos meses.

Un dato relevante es que en marzo, los bienes aumentaron un 3,0%, mientras que los servicios lo hicieron un 4,2%. Esta diferencia es significativa; cuando los servicios aumentan más que los bienes, se refleja una inercia persistente, lo que sugiere que la inflación no solo es un fenómeno transitorio, sino que está enraizada en contratos indexados, renegociaciones salariales, cuotas escolares y alquileres, los cuales ajustan sus precios basándose en inflación pasada.

La discusión real debe centrarse, por lo tanto, en la ausencia de un ancla nominal clara. Tradicionalmente, en Argentina, se ha utilizado el tipo de cambio como referencia inflacionaria. En un contexto de economía bimonetaria y con alta memoria inflacionaria, el dólar se convierte en un elemento esencial para determinar precios, renegociar contratos y anclar expectativas.

Milei, adherente a un enfoque monetarista, enfatiza la importancia de controlar el déficit fiscal y regular la cantidad de dinero en circulación. Aunque estas medidas son necesarias, no son suficientes. Durante sus primeros meses en el cargo, el Banco Central implementó un esquema de tipo de cambio administrado que ayudó a estabilizar las expectativas y reducir drásticamente la inflación. Sin embargo, desde abril del año pasado, esta estrategia fue reemplazada por un sistema más flexible que incrementó la incertidumbre sobre la trayectoria del dólar, debilitando su función como referencia.

Este cambio de régimen, si bien buscaba eliminar restricciones cambiarias —el llamado “cepo”— necesarias para optimizar la economía, conlleva el riesgo de un proceso de desinflación más lento. Parafraseando a Friedman, es importante recordar que no hay decisiones “gratis” en economía: el Gobierno eligió un modelo con mayor libertad cambiaria a expensas de perder el ancla del tipo de cambio, lo que podría derivar en una inflación más volátil.

A medida que la desinflación se ralentiza, aumenta el riesgo de que surjan nuevos eventos que interrumpan este proceso, tales como correcciones de precios o incertidumbres políticas. Sin un ancla clara y con la inercia inflacionaria aún presente, el camino hacia la estabilidad se vuelve más inestable y riesgoso.

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