Fentanilo y Geopolítica: La Conexión Global desde la Esquina

Fentanilo y Geopolítica: La Conexión Global desde la Esquina

En Mexicali y Tijuana, muchos de los primeros usuarios de fentanilo desconocían que estaban consumiendo esta potente sustancia. La droga se ofrecía bajo el nombre de China White, una variante de heroína en polvo. Este engaño resultó en un doloroso proceso de aprendizaje, donde algunos usuarios experimentaron euforia intensa, dosis letales o sobredosis fatales. Años después de que el fentanilo se afianzó en estos mercados, muchos consumidores siguen sin conocer exactamente qué están comprando. Esta falta de transparencia no es casual; es una característica inherente al mercado.

Durante más de un año, un equipo de InSight Crime investigó en diversas ciudades del noroeste de México, incluyendo Tijuana, Mexicali, Nogales, Hermosillo y Ciudad Juárez. Los hallazgos complican las explicaciones comunes sobre el tráfico de fentanilo. En Tijuana y Mexicali, se han desarrollado mercados establecidos de fentanilo, donde la droga se ofrece en dosis estandarizadas y con precios uniformes, junto a un sistema de distribución sorprendentemente regular. En contraste, Ciudad Juárez es un importante corredor para el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos; sin embargo, el consumo local es casi inexistente. En esta ciudad, los grupos controladores de la heroína han prohibido de manera tajante el fentanilo, llegando a amenazar de muerte a quienes lo distribuyan.

A pesar de la existencia de una demanda de opioides en ambas regiones y de redes de tráfico robustas, las diferencias en las “reglas de la esquina” son notables. Estas reglas reflejan una lógica transnacional y están intrínsecamente conectadas a las organizaciones que controlan el tráfico de drogas. Sin embargo, esta conexión no es mecánica ni fácil de prever. Dos ciudades bajo influencias similares pueden presentar mercados diametralmente opuestos, dependiendo de cómo cada facción local interprete sus propios intereses. Por ejemplo, si el fentanilo compromete una valiosa ruta de exportación, su distribución se restringe. Si atraer la atención de las autoridades es una preocupación, se oculta; y si puede leerse como una señal de lealtad a un enemigo, entonces se prohíbe.

El resultado de esta dinámica es que el mismo producto, producido por las mismas redes, llega a los usuarios de distintas maneras o, en algunos casos, ni siquiera llega. Esta diferencia en términos de salud pública puede medirse en vidas. Se ha encontrado evidencia de que un fenómeno similar ocurre en ciudades estadounidenses como Filadelfia, Chicago y San Francisco, donde la estructura del microtráfico local determina cuán mortal puede ser el fentanilo. En la frontera norte de México, se observa con claridad cómo el mismo producto y redes de origen generan mercados distintos dependiendo de quién controle cada territorio.

Las organizaciones que trabajan directamente con consumidores de drogas en estas ciudades, como Verter y Prevencasa, han sido claves para detectar la presencia de fentanilo en las calles antes que cualquier entidad oficial. Estas organizaciones, que no tienen financiamiento estatal y dependen de donaciones internacionales, han logrado establecer confianza con los usuarios, algo que las instituciones públicas aún no han conseguido. Para llevar a cabo su labor, deben conocer a fondo la circulación de sustancias y las fronteras invisibles entre los diferentes barrios.

A pesar del auge del fentanilo, el sistema de salud mexicano se ha mantenido distante. Las redes criminales se han convertido en los principales productores y exportadores de esta sustancia en la región, y la capacidad institucional para ofrecer atención sigue sin un desarrollo adecuado. Las clínicas que ofrecían metadona, el principal tratamiento para la dependencia de opioides, han cerrado por decisiones regulatorias mal gestionadas, y la buprenorfina, un tratamiento estándar a nivel mundial, no está disponible en México. En cuanto a la naloxona, el antídoto para sobredosis, su acceso sigue siendo limitado para quienes más lo requieren.

Mientras tanto, la atención política se ha centrado en combatir el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos y las organizaciones que lo controlan. Sin embargo, en el plano local, el mercado continua operando bajo sus propias reglas. Las explicaciones sobre el crecimiento o la estabilización de los mercados de drogas sintéticas generalmente se enfocan en factores económicos y cadenas de suministro. No obstante, el nexo entre el control territorial y el mercado del fentanilo resulta fundamental para entender su funcionamiento. Las redes locales, aunque fragmentadas y conectadas a organizaciones transnacionales, operan de manera autónoma, tomando decisiones clave sobre qué productos llegan a los consumidores, en qué forma y bajo qué nombre.

Con el enfoque dirigido hacia problemas más amplios, los recortes de financiamiento en ambos lados de la frontera impactan negativamente a las organizaciones que tienen la capacidad de entender y responder a lo que ocurre en las comunidades locales.

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