El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha decidido adoptar una postura defensiva y agresiva tras la tragedia del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial, que se estrelló el pasado lunes en el departamento del Putumayo, cerca de la frontera con Ecuador. El accidente dejó un saldo trágico de al menos 69 militares fallecidos y ha reavivado el debate sobre el estado del mantenimiento de los equipos militares bajo su administración.
Petro ha respondido a las críticas apuntando hacia su predecesor, el expresidente Iván Duque, quien adquirió el Hércules en 2020. A través de las redes sociales, el mandatario señaló que Duque fue responsable de «recibir regalos chatarra». La reacción de Duque no tardó en llegar: «Gustavo, cálmese, respire e infórmese», respondió en sus plataformas, aclarando que el avión había sido donado por Estados Unidos, uno de los principales aliados de Colombia en materia militar y comercial.
El exmandatario enfatizó que el Hércules continúa siendo utilizado en 50 países y sugirió a Petro que investigara la conexión entre el peso del avión al despegar y el tamaño de la pista. En medio de esta controversia, Duque criticó el uso político de la tragedia, instando a Petro a evitar hacer campaña electoral en un momento tan difícil.
Los aviones Hércules, fabricados por Lockheed Martin, son uno de los modelos más empleados globalmente para el transporte de tropas y material militar. El Ministro de Defensa, Pedro Sánchez, se mostró cauteloso al abordar las causas del accidente y afirmó que no había indicios de un ataque por parte de grupos ilegales. Aseguró que se llevaría a cabo una investigación «rigurosa y transparente». Sin embargo, Petro divulgó inicialmente datos erróneos sobre el número de víctimas, lo que suscitó mayores críticas hacia su gestión comunicativa.
Desde el inicio de su mandato, Colombia ha registrado varios accidentes aéreos, con más de 30 militares muertos en incidentes similares. Estos hechos han llevado a los legisladores a cuestionar la falta de recursos destinados al mantenimiento de aeronaves. Petro se defendió alegando que la modernización de los equipos militares ha sido una prioridad, pero que se han encontrado obstáculos burocráticos para su implementación.
En su defensa, Petro afirmó que desde el inicio de su gobierno ha requerido invertir en la renovación del armamento militar. Aseguró que exigió la modernización de la flota aérea, pero se encontró con dificultades para aprobar un documento esencial. También instó a los funcionarios de su administración a asumir la gravedad del asunto o ser relevados de sus cargos.
La senadora Paloma Valencia, del partido Centro Democrático, criticó a Petro por no asumir su papel como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, subrayando la necesidad de priorizar la compra de equipos adecuados en lugar de involucrarse en proyectos de mayor sofisticación para el ejército. La administración actual se ha inclinado hacia la adquisición de aviones Gripen para sustituir a la obsoleta flota de aviones de combate, lo que ha generado un debate intenso en torno a la estrategia militar del país.
En el contexto de la intensa disputa política y la inminente campaña electoral, Petro ha elevado el tono de sus intercambios, realizando comentarios despectivos hacia sus opositores. Mientras se espera que termine su mandato el 7 de agosto, el presidente continúa enfrentándose a la oposición, en un clima político marcado por la incertidumbre y el clamor por respuestas sobre la promoción y mantenimiento de las Fuerzas Armadas.
