Los apagones han comenzado a manifestarse con fuerza en Venezuela, incluso antes de que se implementara el plan de ahorro energético anunciado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez el pasado fin de semana. Las redes sociales se han llenado de denuncias sobre bajones de electricidad, con usuarios expresando su frustración con términos como “bajoooon” o “bajoneitor”, una forma de humor que refleja la precariedad del servicio. Estados del occidente del país, como Zulia, Falcón, Lara, Trujillo, Mérida y Táchira, sufren cortes de luz que pueden extenderse hasta ocho horas diarias.
Para muchos venezolanos, las fallas eléctricas se han convertido en una pesadilla constante. Los aparatos eléctricos sufren daños por la inestabilidad de la corriente, lo que afecta la economía y obstaculiza el desarrollo de inversiones, especialmente tras la mejora de las relaciones con Estados Unidos tras la caída de Nicolás Maduro.
El Gobierno atribuye la crisis eléctrica a la declinación solar, un fenómeno astronómico que incrementa la demanda de energía durante determinadas épocas del año. Delcy Rodríguez destacó que durante 45 días los rayos del sol incidirían directamente sobre Venezuela, llamando a la conciencia ciudadana para adoptar un plan de ahorro energético.
Entre marzo y mayo, las condiciones climáticas afectan el nivel de las presas que generan la mayor parte de la electricidad del país, un ciclo que, aunque predecible, sigue siendo problemático. En las calles y redes sociales, el anuncio de Rodríguez ha sido interpretado como una señal del aumento en la frecuencia de cortes de luz, a pesar de que muchos ya están experimentando racionamientos no anunciados desde hace años. Un apagón masivo la semana pasada afectó a varios estados andinos, colapsando internet, telefonía y comercio, sin que las autoridades ofrecieran explicaciones claras.
En respuesta a la crisis, Rodríguez instó a los ciudadanos a operar los aires acondicionados a no menos de 21 grados y desconectar equipos innecesarios, medidas que muchos consideran insuficientes para mitigar los problemas inherentes a los servicios públicos en Venezuela.
Otra parte del problema es la dirección del sector eléctrico, que ha cambiado con la caída de Maduro. Rolando Alcalá, un ingeniero eléctrico de la Universidad Simón Bolívar, ahora lidera este sector, marcando una transición hacia un manejo técnico en detrimento de la militarización previa de las infraestructuras.
“Estamos en un proceso de recuperación y en proyectos estratégicos para consolidar el sistema eléctrico nacional, que ha mejorado, pero sigue sin ser suficiente para la demanda de la población y el crecimiento económico”, afirmó Rodríguez.
El interés de Colombia en entrar en el sector eléctrico venezolano ha crecido. La canciller colombiana, Rosa Villavicencio, comentó que la falta de energía es un obstáculo, a pesar de que Venezuela cuenta con abundantes recursos como petróleo y gas. Colombia, gracias a Ecopetrol, podría contribuir significativamente a la producción de energía necesaria.
Por su parte, Estados Unidos también busca participar en la recuperación del sector. En febrero, el Departamento del Tesoro emitió licencias que permiten a empresas estadounidenses vender tecnología y servicios para el sistema eléctrico venezolano, aspecto clave en el plan de recuperación económica impulsado por la administración de Donald Trump. Recientemente, Chris Wright, secretario de Energía de EE.UU., visitó el país para discutir estas medidas.
Las fallas en el sistema eléctrico de Venezuela tienen orígenes estructurales y, a lo largo de más de una década, no ha habido mejoras significativas. El chavismo ha respondido a las crisis con racionamientos y militarización, además de haber denunciado conspiraciones electromagnéticas como motivo de los apagones, mientras invertía en plantas termoeléctricas en el pasado, que estuvieron involucradas en escándalos de corrupción.
