Ítalo Pizarro, docente y líder de la comunidad indígena Pemón de San Miguel de Betania, vive en el municipio de Sifontes, en el estado Bolívar, Venezuela, rodeado de minas. Aunque nunca ha sido minero, su comunidad enfrenta el embate de la malaria, enfermedad que ha padecido en cinco ocasiones. La preocupación resurge, ya que una de sus alumnas de cinco años ha contraído malaria por octava vez, al igual que su madre, quien la ha sufrido quince veces.
Un nuevo hallazgo en Sifontes
La malaria, enfermedad transmitida principalmente por la picadura del mosquito Anopheles infectado con uno de los cinco parásitos que la causan, ha tenido en Venezuela a Plasmodium vivax como su principal responsable. Sin embargo, un grupo de científicos venezolanos ha descubierto en Sifontes el mosquito Nyssorhynchus rondoniensis, un vector eficaz capaz de portar el parásito Plasmodium falciparum, responsable de las tasas más altas de enfermedad y mortalidad por malaria en el mundo.
A pesar de que actualmente solo alrededor del 1% de los mosquitos están infectados con P. falciparum, la biología María Eugenia Grillet, principal investigadora del estudio, precisa que esta nueva fuente de malaria en el país no es novedosa. “Es posible que el mosquito Ny. rondoniensis haya estado presente por años, alimentándose principalmente de sangre animal y que lo estábamos identificando incorrectamente”, señala Grillet.
Los investigadores confirmaron recientemente la presencia del mosquito en Venezuela, aunque previamente solo se había registrado en el oeste de Brasil, específicamente en los estados de Acre y Rondônia. En este último caso, el mosquito no estaba infectado.
Un hábitat complicado
El estudio se realizó en asentamientos mineros informales como El Granzón, Tierra Blanca y San Rafael, así como en comunidades rurales más establecidas como Puerto Beco y Pelota. Estos lugares, según Jorge Moreno, entomólogo especializado en malaria, han visto cambios en sus patrones de asentamiento, lo que ha afectado el comportamiento de Ny. rondoniensis.
Este mosquito ha comenzado a reproducirse en pozas de minería y en cualquier agua estancada, y ha demostrado resistencia a la sequía, lo que significa que puede ser encontrado incluso en la temporada seca. Además, se ha adecuado a áreas peridomésticas, lo que facilita la transmisión de la malaria sin necesidad de ingresar a las casas.
La persistencia de la malaria
A pesar de la escasez de datos oficiales sobre el control de la malaria en Venezuela, la enfermedad sigue afectando a comunidades locales. Armando Obdola, líder Pemón y presidente de la ONG Kapé Kapé, señala un aumento de infecciones vinculado a la migración interna. “La llegada de más personas a Sifontes ha incrementado la proliferación del mosquito”, explica.
Ítalo Pizarro subraya también la necesidad urgente de regular la minería para mitigar su impacto en la salud pública, que incluye un seguimiento deficiente de las infecciones y la falta de insumos y personal médico especializado. “Vivimos rodeados de intereses mineros”, afirma.
Venezuela es uno de los países más afectados por la malaria en América. En 2017, el país representó más de la mitad de todos los casos en la región, con 456 muertes reportadas ese año. La situación permanece crítica, y según el último boletín epidemiológico, hasta la semana 25 de 2026, se registraron 25,259 casos acumulados, un 8.3% más que en 2025, con 16,962 casos en Bolívar.
Perspectivas futuras
La Amazonía venezolana, que incluye los estados de Delta Amacuro, Amazonas y Bolívar, alberga a 17 grupos indígenas afectados por la minería ilegal. Sin embargo, solo hay siete centros de atención primaria disponibles. Estas instalaciones no logran satisfacer las necesidades de salud de estas comunidades, a diferencia del modelo brasileño, que incluye unidades de salud dentro de las aldeas indígenas.
Ítalo Pizarro destaca la complejidad de proporcionar atención. «La atención es difícil debido a las distancias, y los medicamentos que traen no cubren ni el 50% de los casos”, indica.
La malaria, que puede ser tratada y erradicada con diagnósticos y cuidados adecuados, fue eliminada en la mayor parte de Venezuela en 1961. La necesidad de entender la relación entre las condiciones sociales y la salud ambiental es crucial, dado que la deforestación impulsada por la minería continúa siendo un gran desafío para el control de la malaria.
Este artículo forma parte de una serie de publicaciones derivadas de la Incubadora de Historias Amazónicas de la Red de Periodistas de la Amazonía Venezolana.
