La escena es notable: el director de la CIA, John Ratcliffe, con la historia de la interferencia de EE. UU. en Cuba y América Latina, se reunió en La Habana con su contraparte cubano, Ramón Romero Curbelo, además del ministro del Interior de Cuba, Lázaro Casas, y Raúl Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Este encuentro se produjo el mismo día en que, en medio de protestas populares y constantes apagones, el régimen cubano emitió un SOS debido a que las reservas de combustible de la isla se habían agotado.
Esta no fue la primera misión diplomática de Ratcliffe, quien ya había tenido un encuentro similar en Caracas en enero con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez.
Ratcliffe llevó un mensaje contundente, en el cual Estados Unidos ofreció su apoyo para abordar la crisis que atraviesa la isla. Horas antes, el Departamento de Estado había reiterado su oferta de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria. Sin embargo, este apoyo no es incondicional; la administración de Donald Trump exige «cambios fundamentales» para «abordar seriamente los problemas económicos y de seguridad» en Cuba.
La presencia de Ratcliffe, un alto funcionario cercano a Trump, destaca la seriedad con la que la administración republicana maneja estos contactos, especialmente ante la urgencia de una situación agravada por sanciones más duras y un bloqueo energético. Existe la posibilidad de alcanzar un acuerdo con representantes del régimen castrista que evite el caos en la isla.
Aunque la CIA no proporcionó detalles sobre las medidas específicas que La Habana debe tomar, está claro que Washington espera reformas económicas y políticas. Además, se subraya que Cuba no puede ser un «refugio seguro» para «adversarios» de Estados Unidos en el hemisferio occidental.
Este mensaje es casi idéntico al que Ratcliffe entregó a Nicolás Maduro tras la operación militar estadounidense que derrocó a su gobierno. La visita de Ratcliffe no fue anunciada previamente, pero fue la primera conocida de un director de la CIA a La Habana en los últimos años. John Brennan, quien dirigió la CIA bajo la administración de Barack Obama, también viajó a Cuba tras negociaciones secretas que llevaron a la restauración de relaciones diplomáticas en 2015.
En el caso de Brennan, Washington nunca reconoció oficialmente la visita. Sin embargo, en esta ocasión, ambos gobiernos no intentaron ocultarlo; La Habana fue la primera en revelar el encuentro, que se convierte en el segundo conocido públicamente desde el inicio de la nueva fase de presión de EE. UU. sobre la isla. La CIA confirmó el encuentro poco después y publicó imágenes en redes sociales, señalando que ambos lados querían que fuese conocido.
Usualmente, las negociaciones realizadas por el director de la inteligencia estadounidense son secretas y solo se hacen públicas años después. Sin embargo, Ratcliffe desempeña un papel inusual en la actual administración. Considerado uno de los confidentes más cercanos de Trump, ha adoptado el curioso rol de intermediario con gobiernos hostiles, como lo demuestra su participación en negociaciones sobre el programa nuclear de Irán y su intervención en conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania.
Su misión más reciente conocida fue su visita a Venezuela. En ese país, comunicó claramente la posición de la Casa Blanca: si Delcy Rodríguez seguía las instrucciones de Washington, continuaría en el poder. De lo contrario, enfrentaría consecuencias severas, como advirtió Trump públicamente.
Retomando la situación cubana, la sombra de posibles acciones militares o judiciales contra el régimen también se perfila en el contexto de la visita. No es casualidad que, en el mismo momento en que se conoció la visita de Ratcliffe, representantes del Departamento de Justicia de EE. UU. anunciaron la preparación de una acusación formal contra Raúl Castro, conectada con la caída de dos aviones de la organización anticastrista Hermanos al Rescate en 1996.
Muchos interpretan esto como una advertencia al régimen, sugiriendo que, si se repite el modelo venezolano, el hermano de Fidel Castro podría convertirse en el blanco de Washington. Además, se ha detectado un aumento en la actividad de aviones espía y drones alrededor de la isla, similar a lo ocurrido en Venezuela antes de la operación de intervención.
Los próximos días se perfilan como críticos. Trump, quien ha insistido en que Cuba «caerá pronto», ha regresado a Washington de Beijing y busca una victoria política en medio de la guerra prolongada en Irán y la inflación que ha alcanzado un nivel del 3.8%, el más alto desde el turbulento periodo de la administración Biden.
Recientemente, el secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y responsable de la política hacia Cuba en la administración de Trump, expresó dudas sobre la posibilidad de cambio mientras el régimen castrista siga en el poder. Por su parte, Trump, en entrevista con Fox News, se mostró optimista, asegurando que logrará el resultado que busca. La decisión sobre el futuro de Cuba recae ahora en el gobierno de La Habana, que se aferra a su demanda de soberanía nacional.
