“Zan, Zendegi, Azadi” (Mujer, Vida, Libertad) es un lema kurdo que ha resonado con fuerza en las protestas de Irán desde la muerte de Yina Mahsa Amini en septiembre de 2022. Amini, una joven kurdoiraní, fue golpeada hasta la muerte por la policía tras ser detenida en Teherán por llevar de forma incorrecta su velo, prenda obligatoria para las mujeres en Irán desde los nueve años. Este lema no solo simboliza la resistencia, sino que también da nombre a una novela gráfica coordinada por Marjane Satrapi, la célebre ilustradora iraní fallecida recientemente. En su obra más conocida, Persépolis, Satrapi aborda la importancia política del velo como símbolo de la opresión de las mujeres en la República Islámica de Irán.
El velo es un elemento central en las obras de Satrapi, especialmente en Persépolis, donde narra su experiencia de infancia y exilio. En esta novela gráfica, la autora, a sus diez años, se hace una chaqueta con la frase en inglés “Punk is not dead”, una declaración de resistencia ante la imposición del hiyab. Esta errata, al escribir “ded” en lugar de “dead”, añade una capa de ternura a su rebeldía.
A lo largo de Persépolis, se detalla cómo el pañuelo se convierte en un símbolo crucial del régimen islámico, que impone una moral patriarcal. Este modelo de conducta busca controlar la sexualidad y el cuerpo de las mujeres, limitando su comportamiento, acceso al espacio público y rol en la sociedad.
En su obra, Satrapi explica que el régimen iraní obliga a las mujeres a cubrirse porque las cosifica, transformándolas en meros objetos sexuales susceptibles de provocar una “erección” en los hombres. Desde la niñez, las niñas son sexualizadas y adoctrinadas, asociando su cabello descubierto con la desnudez y la depravación. Así, al alcanzar la adultez, son tratadas como menores de edad debido al argumento oficial de que el velo las “protege”. Esta narrativa presenta el espacio público como un entorno hostil, donde la seguridad se encuentra supuestamente en el ámbito doméstico, donde se espera que cumplan con sus roles de esposas y madres.
El velo, por lo tanto, representa la imposición de un orden social que niega el poder a las mujeres en ámbitos político, económico y familiar. En Irán, las mujeres no pueden ocupar cargos como presidentas o juezas, heredan solo la mitad que los hombres y tienen derecho a solicitar el divorcio solo en circunstancias específicas. Además, la custodia de los hijos se les arrebata automáticamente a los siete años, y su testimonio legal vale la mitad que el de un hombre. A pesar de que el 60% de los estudiantes universitarios son mujeres, estas apenas constituyen el 20% de la fuerza laboral, en gran parte debido a su subordinación a maridos o padres, quienes pueden restringir su acceso al trabajo y al viaje.
En 2003, el difunto líder supremo Ali Jameneí afirmó que para los enemigos de Irán, lo más efectivo para desestabilizar el régimen era la “corrupción moral”, representada por las “minifaldas”, más que por medios violentos. Satrapi ha resaltado en diversas entrevistas que para el régimen iraní “todo se reduce a controlar a las mujeres”, enfatizando que, sin el velo, la República Islámica carecería de razón de ser. “Luchamos, y no son ellos quienes nos dan el derecho de luchar”, explicó en una conversación con The New York Times.
Desde la muerte de Yina Mahsa Amini, las severas sanciones y castigos, incluyendo la amenaza de trabajos forzados, no han logrado que miles de mujeres que se quitaron el velo regresen a cubrirse. Satrapi lo calificaba como la “primera revolución feminista de la historia”, depositando sus esperanzas en esta lucha.
