El panorama electoral en Colombia se intensifica con la llegada de la segunda vuelta presidencial, donde el candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella, se enfrenta a la senadora uribista Paloma Valencia. Ambos compiten por el segundo lugar en las encuestas, en medio de un ambiente marcado por comentarios misóginos que han hecho estallar el debate político. De La Espriella concedió dos entrevistas, una para radio y otra para televisión, donde sus declaraciones habrían ofendido a muchos, en especial a las mujeres.
Durante su aparición en el programa de radio Piso 8, De La Espriella sorprendió al afirmar que había logrado atraer muchos votos femeninos debido al tamaño de sus genitales, e incluso pidió que se hiciera un zoom a una foto en la que se ilustraba de esta manera. A su vez, en una entrevista televisiva, descalificó a una veterana periodista llamándola ignorante al ser cuestionado sobre sus controvertidos comentarios pasados sobre la ética y el derecho. Estas actitudes han suscitado reacciones de rechazo tanto de periodistas como de políticos, convirtiendo el machismo en un tema central en la contienda electoral.
En medio de esta controversia, Juan Daniel Oviedo, compañero de fórmula de Valencia, utilizó las redes sociales para criticar las declaraciones de De La Espriella, destacando que su afirmación alude a su propia «pequeñez». La campaña de Oviedo, quien recibió comentarios homofóbicos de su oponente, vio un repunte en su visibilidad tras este episodio. Sin embargo, Paloma Valencia ha encontrado el reto de equilibrar su discurso conservador sin alienar a sus votantes en la derecha tradicional.
Recientemente, Valencia se ha manifestado de manera cautelosa sobre los comentarios de De La Espriella, aludiendo a la necesidad de disculpas, aunque sin nombrar explícitamente al candidato. En sus redes sociales afirmó: “Las mujeres periodistas no tienen por qué aguantar bromas sexuales, insinuaciones ofensivas ni ataques personales por atreverse a preguntar”, sugiriendo que un reconocimiento de error sería adecuado. Este enfoque contrasta con la postura más contundente de su rival de izquierda, Iván Cepeda, quien aboga por “derrotar el patriarcado” en la sociedad colombiana.
Los aliados de Valencia han adoptado una postura menos discreta, como el exsenador David Luna, quien rechazó el machismo disfrazado de humor y lo calificó como una falta de respeto. La candidatura de Valencia podría beneficiarse si las acciones de De La Espriella continúan generando rechazo, pero también enfrenta el riesgo de ser percibida como la candidata de la corrección política, lo que podría alejar a algunos votantes.
Además, la campaña de De La Espriella ha seducido a un sector de derecha que lo ve como un candidato fuerte. En un evento reciente, el ultraderechista afirmó tener «los cojones» para hacer lo necesario por Colombia, revelando su inclinación a hablar sin tapujos sobre su genitalidad. Por otro lado, ha tratado de posicionarse como defensor de las mujeres al recordar su representación legal en casos emblemáticos de violencia de género, como el asesinato de Rosa Elvira Celis y el ataque a Natalia Ponce de León.
Lo que está en juego es si la ola de machismo afectará negativamente a De La Espriella o si, por el contrario, lo beneficiará ante un electorado de derecha que en ocasiones prefiere un discurso provocador. Casos pasados como el de Rodolfo Hernández, quien enfrentó controversias similares y aún así avanzó en las elecciones, sugieren que el rechazo al machismo puede no ser determinante en ciertos contextos.
Con su campaña centrada en posicionarse como un outsider frente al establishment tradicional representado por Valencia y otros políticos destacados, De La Espriella busca capitalizar las controversias para fortalecer su posicionamiento electoral. Las próximas semanas serán cruciales para ambos candidatos, que saben que cualquier paso en falso podría definir quién emerge victorioso en la carrera hacia la segunda vuelta presidencial en Colombia, en un contexto donde el machismo y sus repercusiones están más vigentes que nunca.
