En Colombia, el sueño de adquirir una vivienda se convierte en un desafío insuperable para muchos jóvenes. Juliana Ramírez, de 25 años, es un claro ejemplo de esta realidad. Tras independizarse de sus padres y mientras finalizaba sus estudios de política en Medellín, se enfrentó a la gentrificación que la llevó a buscar un nuevo lugar para vivir. Al buscar un nuevo arriendo, se encontró con precios que duplicaban lo que solía pagar, lo que elevó su angustia por no poder acceder a una vivienda propia.
A pesar de que en Bogotá y Cundinamarca, 8 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 28 años desean comprar vivienda, solo el 10% lo logra concretar, según datos proporcionados por la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol). La escasez de oportunidades laborales se identifica como la principal barrera para estos jóvenes. El desempleo entre personas de 15 a 28 años alcanza un 16,5%, casi el doble del promedio nacional que es del 9,2%, según el Departamento Nacional de Estadísticas (DANE).
Aún aquellos que tienen empleo formal enfrentan la inestabilidad laboral. Juliana destaca que muchas empresas optan por contratos a corto plazo y por prestación de servicios, lo que limita el acceso a créditos hipotecarios. “Es difícil acumular el dinero necesario para la cuota inicial de una vivienda, que suele oscilar entre 150 y 200 millones de pesos (entre 40.000 y 50.000 dólares),” asegura.
El proceso tradicional para adquirir una vivienda implica varios pasos. Primero, se requiere un ahorro que permita cubrir cerca del 30% del valor total como cuota inicial. Para quienes tienen ingresos bajos, existen subsidios estatales o de cajas de compensación. Sin embargo, si no se cuenta con el monto total, es fundamental acceder a un crédito con plazos que varían entre 15 y 20 años.
En Bogotá, la Vivienda de Interés Social (VIS) tiene un precio máximo de 262 millones de pesos (72.000 dólares). Los créditos para cubrir el 70% restante resultan en cuotas mensuales de aproximadamente 1,7 millones de pesos (472 dólares), una cantidad que consume casi el total del salario mínimo. Esto complica aún más la situación para los jóvenes que deben destinar su salario a otros gastos como arriendo, alimentación y deudas.
La falta de empleo estable genera un círculo vicioso que se traduce en baja capacidad crediticia. En el último trimestre de 2025, solo el 16,3% de los créditos hipotecarios fueron otorgados a personas de 18 a 29 años, según el DANE. Un caso representativo es el de Julieth Hincapié, quien logró comprar un apartamento en Ibagué a través de la combinación de su trabajo estable en Bogotá y un ahorro constante. Cerró la transacción por 90 millones de pesos (25.000 dólares) justo antes de la pandemia, un precio que hoy resulta inalcanzable para muchos.
El problema del acceso a la vivienda no es exclusivo de Colombia. En Estados Unidos, muchos jóvenes están postergando la compra de su primera casa hasta los 40 años debido al incremento de precios. En España, apenas 1 de cada 10 jóvenes adquirieron viviendas en 2025. Adriana Hurtado, directora del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (Cider) de la Universidad de los Andes, comenta que el apoyo familiar se ha vuelto vital para muchos jóvenes que desean comprar vivienda, generando disparidades entre quienes cuentan con dicha ayuda y quienes no.
El presidente de Camacol, Guillermo Herrera, recalca la necesidad de retomar programas que faciliten el acceso a vivienda para los jóvenes, como “Mi Casa Ya,” que fue suspendido por el actual gobierno debido a consideraciones de su efectividad. Mientras tanto, la línea de crédito “Generación FNA” busca ofrecer préstamos a jóvenes de entre 18 y 28 años, facilitando hasta el 90% del valor del inmueble y reduciendo la cuota inicial al 10%.
El alquiler se presenta como otra alternativa para acceder a una vivienda en Colombia, donde el 40% de los hogares son arrendatarios, según el DANE. Este porcentaje es el más alto de América Latina y duplica la media de la región. Hurtado destaca que el arriendo debería ser considerado como una opción viable para el acceso a vivienda a largo plazo, ya que muchos jóvenes prefieren destinar sus recursos a diversas inversiones y gastos.
Edwin Chiriví, gerente del gremio constructor en Bogotá, argumenta que la compra de vivienda ofrece una oportunidad de inversión y estabilidad, ya que en los primeros años, una VIS puede valorizarse en al menos un 20%. Juliana Ramírez, a pesar de los obstáculos, mantiene viva la esperanza de adquirir su vivienda, no solo para ella, sino también para ofrecer un hogar a su madre.
