En la actualidad, las palabras a menudo no reflejan la realidad, sino que intentan sustituirla. Un ejemplo reciente es la frase “Evangelización y mestizaje”, utilizada por Isabel Díaz Ayuso en un acto de homenaje a Hernán Cortés en Ciudad de México. Esta expresión es conocida, pero no es la única que se encuentra en el discurso español. Rafael Sánchez Ferlosio, en su obra Esas Yndias equivocadas y malditas, argumentó que cuando el mestizaje ocurre dentro de un contexto de conquista y desigualdad, la mezcla no representa igualdad, sino más bien la huella social de la dominación.
No obstante, Ayuso parece más interesada en presentar una imagen que en mantener un diálogo con la historia. Por ello, responder con archivos, datos o historiografía se vuelve infructuoso: su emblema no opera dentro de un régimen de verdad. La expresión “Evangelización y mestizaje” se disfraza de descripción histórica, pero funciona como un exclamativo nacionalista: un “¡Viva España!”. Aquellos que la repiten no sustentan una tesis, sino que muestran una bandera que les permite evitar el debate sobre la interpretación de la mezcla histórica. Este discurso celebra el “descubrimiento”, ignorando que este hecho fue una proclamación que declaraba que lo que ya existía no tenía valor hasta ser nombrado por el conquistador.
Como apuntó Ferlosio, la desigualdad inherente al mestizaje revela quién detentaba el poder y quién era incorporado en el mundo del otro. Aunque el discurso oficial aún no reconozca esta perspectiva, un segmento del pensamiento español ya ha cuestionado esta interpretación con un rigor que el lema de Ayuso no puede aceptar, ya que su objetivo no es persuadir, sino intensificar el sentido de pertenencia.
