“Ha sido un desespero total”. Así describe Eduardo Campos la angustia que ha sentido desde que un terremoto sacudió Venezuela. Mientras viajaba en coche al trabajo, escuchó la primera noticia sobre el desastre natural y decidió actuar de inmediato. Aparcó su vehículo y, en un intento desesperado por comunicarse, envió un WhatsApp que nunca llegó a su destino.
Este vecino de Marín, en Pontevedra, se encuentra a 7.000 kilómetros de distancia de su hogar, pero ha hecho todo lo posible por ayudar a sus conciudadanos. Desde entonces, ha compartido la historia de sus vecinos con conocidos del Ejército, un primo en Panamá y un hijo médico que reside en Florida. Ha estado intentando localizar nombres en listados de supervivientes, solicitando maquinaria y preguntando por una antena satelital para poder ubicarlos en medio de las ruinas.
Este pasado domingo, ante la desesperación, decidió hacer un llamado a los medios: “Ayúdame a sacarlos de allí” fue su desesperada solicitud. La comunidad se encuentra en un momento crítico y cualquier ayuda es necesaria para hacer frente a la tragedia.
El esfuerzo de Eduardo Campos pone de manifiesto la solidaridad que emerge en tiempos de crisis, y destaca la importancia de la comunicación en situaciones de emergencia. Su historia es un reflejo del impacto que el terremoto ha tenido en la vida de muchas personas en Venezuela.
