Colombia se enfrenta a la posibilidad de experimentar el fenómeno de El Niño más severo desde 1950, según los pronósticos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). En este contexto, el Gobierno de Gustavo Petro ha declarado el estado de desastre nacional, un paso crucial para mitigar los riesgos asociados a este evento climático que genera sequías, altas temperaturas, escasez de agua e incendios forestales.
Declaración de desastre nacional
La declaratoria de desastre, realizada a pocos días del cierre de la administración Petro, permite movilizar recursos y realizar reasignaciones presupuestarias para implementar medidas de respuesta. La Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (UNGRD) será la encargada de ejecutar un plan que se enfoque en asegurar el abastecimiento de agua, la seguridad alimentaria, la salud pública y la protección del medio ambiente.
Medidas financieras y energéticas
Aunque los detalles exactos de las acciones a tomar no han sido divulgados, el presidente ha ordenado la reallocación de cuatro billones de pesos (aproximadamente 1.000 millones de dólares) previamente destinados a otros fines. También ha enfatizado la necesidad de acelerar la instalación de paneles solares, afirmando que, dado el aumento de la radiación solar, es fundamental diversificar la matriz energética. En total, la UNGRD contará con ocho billones de pesos (cerca de 2.500 millones de dólares) para atender la emergencia.
Impacto en el suministro de energía
El Ideam pronostica un 81% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre, afectando especialmente las regiones del Pacífico, la Andina y el Caribe. Se estima que este fenómeno podría persistir hasta el primer trimestre de 2027. Esta situación aumenta la incertidumbre en un país que depende de las hidroeléctricas para el 75% de su energía, lo que podría llevar a un incremento en los costos financieros y ambientales del suministro energético.
Preocupaciones sobre la capacidad del sistema
Tomás González, exministro de Minas y Energía, ha expresado su preocupación acerca de la capacidad del sistema para cubrir la demanda energética bajo las condiciones que podría generar El Niño. Durante este fenómeno, las precipitaciones disminuyen drásticamente, lo que reduce la generación de energía. González señala que, en situaciones normales, el margen de generación ya es limitado, y el riesgo de cortes se intensifica si no se implementan a tiempo nuevas plantas térmicas y proyectos solares.
Prevención y adaptación en el corto plazo
La Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) ha indicado que el tiempo para mitigar los efectos negativos del fenómeno climático es limitado, con solo 132 días antes del inicio del período crítico en diciembre de 2026. En respuesta, el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, ha solicitado que se implementen esquemas temporales de teletrabajo y educación a distancia para reducir la demanda de energía durante la finalización de los trabajos de mantenimiento de la regasificadora en Cartagena, crucial para la importación de gas.
Desafíos para el nuevo gobierno
Las advertencias sobre la capacidad de suministro de energía se agravan debido a la creciente demanda y la dependencia de recursos limitados. Juan Ricardo Ortega, presidente del Grupo de Energía de Bogotá, ha alertado que, si no se avanzan los proyectos de transmisión eléctrica, la capital podría enfrentar serios problemas de abastecimiento desde 2028, en medio de escenarios de sequía generados por El Niño.
Enfoque integral en la gestión de riesgos
La exviceministra de Ambiente, Sandra Vilardy, ha enfatizado que las acciones de prevención no deben concentrarse únicamente en el sector energético. Es vital atender aspectos como el acceso al agua potable, así como las repercusiones en la agricultura y la salud pública, especialmente para las poblaciones vulnerables. La colaboración entre alcaldes y entidades gubernamentales será esencial para implementar medidas efectivas en un periodo crítico.
