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En la actualidad, un simple buscador de internet que contenga el término “fenómeno de El Niño” revela una multitud de artículos destacando las palabras “alerta” y “superniño”. Este interés surge de que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) han indicado que la fase de La Niña, que había sido débil, dará paso a condiciones neutras y, potencialmente, a un episodio de calentamiento de El Niño hacia finales de este año. Algunos informativos han llamado a este fenómeno “niño Godzilla”, sugiriendo que podría ser uno de los más intensos en siglos.
Entender las implicaciones de este fenómeno es crucial, ya que eventos de El Niño como los ocurridos en 2023 han provocado sequías, olas de calor, incendios forestales y lluvias extremas en América Latina y el Caribe, afectando la salud, la seguridad alimentaria y el suministro energético.
Lo que se sabe: El Niño se aproxima
“El Niño viene, lo que nos permite prepararnos”, asegura Bárbara Tapia Cortés de la OMM. Según el último informe de la NOAA, publicado el 13 de abril, las condiciones neutras se mantendrán entre abril y junio de 2026, con una probabilidad del 80%. En este sentido, se espera que El Niño se desarrolle entre mayo y julio, con un 61% de probabilidad, y se mantenga activo al menos hasta finales de 2026. Para el trimestre que comprende desde noviembre de este año hasta enero de 2027, la probabilidad de un fenómeno de El Niño alcanza el 90%. A diferencia de otros fenómenos meteorológicos, El Niño puede preverse con anticipación, brindando a la población hasta seis meses para prepararse.
Lo que aún es incierto: su intensidad
Los fenómenos de El Niño y su contraparte, La Niña, se identifican cuando la temperatura de la superficie del océano en una zona específica del Pacífico se mantiene 0,5 °C por encima de la media histórica durante tres meses. Dependiendo de cuánto supere esta cifra, se clasificará como un fenómeno débil, moderado, fuerte o muy fuerte. A finales de año, la probabilidad de que ocurra cualquiera de estas intensidades es del 25%. Tras lo observado, no existen términos formales como “superniño” o “niño Godzilla”, que son simplemente apodos para referirse a un Niño muy fuerte, cuyo chances se sitúan en 1 de 4.
Causas de la alerta generalizada
La alerta, según la experta, se debe a la incertidumbre sobre la intensidad futura de El Niño, lo que exige una preparación adecuada. Tom Di Liberto, científico climático de Climate Central, menciona que la cantidad de agua caliente en el océano Pacífico es notable si se compara con años anteriores. “Los modelos muestran fluctuaciones marcadas. Aunque los porcentajes no garantizan un resultado, son significativamente más altos de lo habitual para esta época del año”, añadió en una reciente rueda de prensa. “En casos de riesgo, es más prudente prepararse para cualquier escenario”, enfatizó.
Impacto en América Latina y el Caribe
Los expertos coincidenn en que no hay dos fenómenos de El Niño iguales, y sus impactos varían en cada región, país e incluso ciudad. Esto se debe a que El Niño y La Niña son solo una de las muchas variables que afectan el clima. Así, un Niño en el período de junio a agosto, que corresponde al verano en el hemisferio norte, no actúa igual que a finales de año, cuando es invierno en Estados Unidos y Europa. Según la NOAA, un fenómeno de El Niño a mitad de año tiende a generar condiciones cálidas en Ecuador, Perú, el sureste de Brasil y el norte de Chile, además de humedad en el centro de este último. En cambio, en Centroamérica, el Caribe, y el norte de Colombia y Venezuela, se prevén calor y sequías.
Ya cerca de finales de año, el escenario cambia, generando condiciones cálidas y húmedas en las costas de Colombia, Perú y Ecuador, así como sequías en el norte de Brasil, Guyana, Surinam y Guayana Francesa. En el sureste de Brasil se espera calor, mientras que en las regiones sur de Brasil, Uruguay y el noreste de Argentina, se anticipa humedad.
“Es fundamental seguir las directrices de las autoridades locales, ya que se confirma que El Niño se aproxima”, recuerda Tapia, destacando que son estas autoridades las que pueden traducir el fenómeno a escenarios locales específicos.
El Niño y la temporada de huracanes
La relación entre El Niño y la temporada de huracanes, que comienza en el océano Pacífico a mediados de mayo y en el Atlántico en junio, puede ser analizada a partir de tendencias históricas. “Cada Niño es único”, aclara Di Liberto. Generalmente, El Niño tiende a disminuir la actividad de huracanes en el Atlántico, mientras que favorece una temporada más activa en el Pacífico. Sin embargo, en el contexto del cambio climático, que ha elevado la temperatura del océano aproximadamente 0.9 °C desde finales del siglo XIX, las dinámicas relacionadas con El Niño y La Niña podrían presentar comportamientos más extremos o diferentes.
