La Violencia en la Historia Política de Chile
La violencia ha sido un elemento clave en la historia política de Chile, manifestándose a través de motines, revoluciones, guerras civiles y golpes de Estado. En numerosas ocasiones, esta violencia ha sido ejercida por agentes del Estado en nombre de un gobierno o ideología, pero también ha surgido fuera de la institucionalidad, especialmente en contextos revolucionarios donde la legitimidad del sistema se cuestiona.
Este fenómeno no es aislado; la violencia ha sido una constante a lo largo de décadas, más cerca de lo que a menudo se acepta. No obstante, esto no implica que la violencia deba ser tolerada. Uno de los grandes logros de la modernidad y de la democracia representativa es el establecimiento de Estados de derecho que limitan las pasiones humanas y garantizan normas respetadas por las mayorías. Sin estos marcos normativos, la sociedad podría recaer en una lucha constante y caótica, donde prevalecerían las voces más estridentes, socavando la estabilidad política y la representación de las minorías.
El Retroceso del Estado de Derecho en Chile
En años recientes, Chile ha visto un retroceso en el Estado de derecho, en medio del auge del crimen organizado y nuevas formas de delincuencia. La convivencia política también ha sido afectada por la violencia sin precedentes del estallido social, durante el cual tanto las fuerzas policiales fueron sobrepasadas como los grupos radicales mostraron una capacidad considerable para desafiar al gobierno democráticamente elegido. Es notable que, bajo la administración de Gabriel Boric, la violencia política parece haber desaparecido, a pesar de un contexto de economía estancada y desempleo en niveles preocupantes. ¿Cómo se explica este fenómeno?
Reacciones de la Izquierda Chilena
La respuesta se encuentra en la dinámica interna de una parte significativa de la izquierda chilena, que parece no aceptar la gobernanza de la derecha. Si bien festejan los triunfos electorales propios, desestiman las derrotas, considerándolas contrarias a las demandas del pueblo. Aunque se proclaman defensores de la democracia, son renuentes a protegerla cuando se atacan a las figuras del gobierno, como se evidenció en el caso de Ximena Lincolao. El presidente del Partido Comunista afirmó que la funa a Lincolao fue “un error político”, sugiriendo que esta situación permitió a José Antonio Kast recuperar la agenda política, lo que plantea serias dudas sobre su compromiso con la institucionalidad.
La Violencia como Respuesta
El Partido Comunista y el Frente Amplio a menudo argumentan que un sistema opresor solo puede ser combatido mediante más violencia, una lógica que se vuelve insostenible, ya que sostiene que tal violencia es justificada solo cuando la derecha está en el poder. Sin un cambio en esta percepción y sin que la izquierda reconozca la magnitud de su reciente derrota, eventos como las funas probablemente continuarán. Por lo tanto, resulta crucial estar alertas y defender el Estado de derecho a través de sus propios mecanismos: prevención del conflicto, persecución de los responsables y, si es necesario, sanciones contra actos de violencia política.
