Guadalupe se siente abrumada al revisar videos y fotos de su esposo, Jesús Juárez Cruz. Cada imagen evoca recuerdos de un hombre alegre y activo, que ahora se ha desvanecido. «Me vinieron muchos recuerdos y me puse muy mal. Sentí como que me desmayaba», comenta esta migrante mexicana indocumentada, cuya identidad se preserva por temor a represalias del Gobierno de Donald Trump.
El cuerpo de Jesús García reposa en una morgue en California, y su familia planea enterrarlo en los próximos días. Guadalupe está convencida de que el fallecimiento de su marido está directamente relacionado con las estrictas políticas migratorias de Estados Unidos. La salud de Jesús se deterioró significativamente, hasta quedar postrado en su hogar, necesitando ayuda hasta para las tareas más básicas. Sin embargo, el temor a ser detenido y deportado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) le impidió buscar atención médica. «Teníamos miedo de que llegaran los agentes del ICE y nos lo quitaran», lamenta Guadalupe.
El deterioro de la salud de Jesús
Guadalupe, ahora viuda sin empleo ni ahorros, enfrenta una formidable carga emocional y financiera, acumulando una deuda de 34.000 dólares por los gastos del sepelio. El Consulado de México en San Bernardino ha brindado apoyo económico a la familia Juárez y los ha dirigido a una funeraria de bajo costo. Sin embargo, los costos de morir en California pueden ser abrumadores. Por ello, han lanzado una campaña de recaudación de fondos a través de GoFundMe.
Originario de Tungareo, Michoacán, Jesús dejó su hogar hace años en busca de un mejor futuro para su familia. En los Estados Unidos, se convirtió en un trabajador de la construcción, donde conoció a Guadalupe. Juntos tuvieron cuatro hijos (de 16 a 27 años). Sin embargo, la vida dio un giro drástico cuando Jesús comenzó a desarrollar problemas con el alcohol. Su deportación en 2009 lo sumió en una profunda depresión, haciendo que su salud mental y física se deteriorara más. “No quería comer, se encerraba y solo quería estar tomando”, recuerda Guadalupe.
En sus días finales, Jesús estaba tan debilitado que necesitaba asistencia para alimentarse. Su hijo Joe, de 21 años, tomó el rol de cuidador, ayudándolo en su vida diaria. «Lo ayudaba a bañarse, a prepararse y a salir para que pudiera sentir el aire fresco», comentó el joven. Sin embargo, al no poder llevarlo al médico a tiempo, la familia se encontró desesperada la madrugada del 21 de febrero cuando Jesús falleció repentinamente.
El impacto de las políticas de ICE
Con la llegada de Trump al poder, las políticas migratorias se han endurecido, generando un clima de miedo en la comunidad inmigrante. Denuncias recientes indican que agentes del ICE han comenzado a realizar detenciones en hospitales, un ámbito que había sido considerado «sensible» en años anteriores. Esta situación genera preocupación entre organizaciones defensoras de inmigrantes y sindicatos de trabajadores de la salud.
“Los agentes del ICE no son bienvenidos en centros médicos públicos del condado de Los Ángeles”, afirma Mike Long, vocero del Local 721 del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios. «El estatus migratorio no debería impedir que nadie reciba la atención médica que necesita».
Los problemas han escalado incluso a incidentes críticos. En julio de 2025, agentes del ICE irrumpieron en un hospital en Ontario, California, lo que fue documentado por testigos. Este tipo de acciones han generado un precedente alarmante y pocos saben la magnitud del problema real que enfrentan los indocumentados en busca de atención médica.
Guadalupe comparte el dolor de muchas familias que han perdido a seres queridos en circunstancias similares. Desde que Trump inició su mandato, más de 40 personas, entre ellas 14 mexicanos, han muerto bajo custodia del ICE, reflejando las drásticas consecuencias de estas políticas.
La incertidumbre marca el futuro de Guadalupe, quien no puede regresar a su pueblo natal debido a su historia familiar de violencia. «No hay vuelta atrás. Ahora digo: ‘Hubiera llevado a mi esposo al hospital’, pero ya no puedo regresar el tiempo», finaliza, dejando sobre la mesa una triste realidad que enfrenta la comunidad migrante en Estados Unidos.
