El enfrentamiento entre Javier Milei, presidente de Argentina, y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, ha escalado notablemente. Durante su discurso de apertura del año parlamentario, Milei lanzó insultos y burlas hacia los legisladores opositores, al mismo tiempo que insinuó una supuesta conspiración dentro de su propio Gobierno para desplazarlo, dirigiendo su mirada hacia Villarruel, quien se encontraba detrás de él. Esta insinuación fue reafirmada por miembros de la ultraderecha, quienes acusaron a la vicepresidenta de ser «golpista» y «funcional a la oposición». Villarruel respondió claramente, indicando que la Casa Rosada busca su renuncia pero que no tiene intención de dimitir, además de criticar al Gobierno por casos de corrupción.
La tensión se evidenció nuevamente el pasado domingo en el Congreso, donde Milei y Villarruel se encontraron cara a cara después de meses. Su interacción fue distante y fría, reflejando el conflicto vigente. Un momento significativo fue cuando Karina Milei, hermana del presidente y secretaria general de la Presidencia, intentó bloquear el paso de Villarruel, quien la desplazó con un empujón, simbolizando la polarización entre ellos.
Durante su intervención en la asamblea legislativa, Milei expresó que las dificultades enfrentadas por su Gobierno antes de las elecciones de medio término, que se celebrarán en octubre, se debían a «opositores y propios» que soñaban con ocupar el sillón de Rivadavia, el despacho presidencial. Si bien su gesto hacia Villarruel pudo ser interpretado de diversas maneras, las declaraciones de otros miembros de su Gobierno dejaron claro el distanciamiento.
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, aseguró que “no hay ninguna chance de volver a tener relación con ella” y que Villarruel ya no forma parte del Gobierno. Luis Petri, exministro y actual diputado, amplió la crítica, afirmando que Milei aludía a una vicepresidenta que no cumplió con las expectativas y que había sido «funcional a la oposición». Petri la acusó incluso de haber apostado al fracaso del Gobierno y la definió como “golpista”.
La respuesta de Villarruel llegó en la madrugada del martes a través de sus redes sociales. Indicó: “Eso quieren. Mi renuncia. Pero no se les va a dar. Hasta el 10/12/27 ocupo con honestidad mi cargo”. También cuestionó al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, por su alineación con Karina Milei y criticó a Petri por su desempeño como ministro de Defensa, haciendo referencia a posibles irregularidades en el Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA).
Villarruel defendió su posición ante acusaciones de corrupción aludiendo a la complejidad de su situación y dejando entrever que las denuncias que afectan a altos funcionarios del Gobierno son ciertas. La fractura entre Milei y Villarruel ha sido evidente desde el inicio de la gestión. La vicepresidenta, conocida por su defensa de militares acusados por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, había aspirado a cargos en Defensa y Seguridad, pero Milei nunca accedió a estas demandas, limitándola a la dirección del Senado.
A lo largo de estos dos años, Villarruel ha comenzado a desarrollar una agenda en el interior del país, contrastando con el enfoque de Milei, que se ha concentrado en Buenos Aires y en viajes al extranjero, especialmente a Estados Unidos. Esta iniciativa ha sido vista en la Casa Rosada como un intento de posicionarse de manera independiente, lo que contribuye a mantener la tensión entre ambas figuras.
La ruptura de la relación entre Milei y Villarruel siembra inquietud en el Gobierno, especialmente de cara a las elecciones presidenciales de 2027. Villarruel ha demostrado habilidad para comunicarse con sectores conservadores del peronismo y su figura tiene apoyo entre sectores de derecha y nacionalistas. Si decidiera postularse en próximos comicios, podría afectar el proyecto de reelección de Milei.
