Desde hace más de dos años, Poza Rica, Veracruz, enfrenta una creciente crisis de seguridad que afecta especialmente a los profesionales de la información. Esta ciudad del norte del estado ha sido el escenario de dos de los siete asesinatos de periodistas registrados en México hasta la fecha en 2023. El primer caso se produjo el 8 de enero, cuando el reportero independiente Carlos Leonardo Ramírez, de 26 años, fue víctima de un ataque a manos de un grupo armado que irrumpió en el lugar donde se encontraba comiendo.
Desapariciones asociadas
El asesinato de Ramírez no solo ha conmocionado a la comunidad periodística, sino que también ha suscitado preocupación por la desaparición de dos jóvenes: Karime Monserrat Murrieta y Wendy Arantxa Portilla, de 23 y 22 años respectivamente. Ambas acudieron juntas al funeral de Ramírez el 10 de enero y no volvieron a ser localizadas. Un familiar de Karime Murrieta expresó la angustia que sienten las familias de los desaparecidos: “No buscamos culpables, solo pedimos que nos las entreguen, que la Fiscalía se mueva para dar con su paradero”.
La situación en Poza Rica refleja un fenómeno más amplio de violencia hacia periodistas en México, país que se ha convertido en uno de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Las autoridades enfrentan la presión de la sociedad civil y familiares de víctimas para garantizar la búsqueda y el esclarecimiento de estos casos, que son un grave indicativo de la impunidad y la inseguridad que persiste en la región.
El contexto actual plantea serias interrogantes sobre la seguridad de los comunicadores en México y la eficacia de las instituciones responsables de protegerlos.
