Evitar la Realidad: La Práctica de Rebautizar Crisis en México
Llamar a las cosas por su nombre es esencial para entender problemas y buscar soluciones efectivas. Sin embargo, esta práctica se ha ido desvaneciendo en el discurso oficial en México. Ante las tragedias y crisis cotidianas, el primer impulso institucional tiende a ser la reinterpretación de los hechos en lugar de ofrecer una explicación clara y directa.
El Descarrilamiento de Tren en Oaxaca
Un ejemplo reciente de esta tendencia ocurrió el 15 de julio de 2023, cuando dos vagones de un tren de carga descarrilaron en la Línea Z del corredor transístmico, entre Nizanda y Chivela, Oaxaca. A pesar de que el hecho fue claramente un descarrilamiento, la presidenta Sheinbaum optó por describirlo como “un movimiento”. Esta forma de comunicar no niega el incidente, pero rebaja su gravedad.
Tragedias Anteriores y la Resistencia a la Terminología
Este no es un caso aislado. En la misma línea, el 28 de diciembre de 2025, un descarrilamiento de locomotoras dejó 14 muertos y 109 heridos. En esa ocasión, la Secretaría de Marina no dudó en calificarlo como lo que realmente fue. Sin embargo, la elección de evitar la palabra “descarrilamiento” tras un segundo incidente plantea cuestionamientos sobre las acciones correctivas realizadas.
Interrupciones en el Servicio Eléctrico
Un fenómeno similar se presentó en junio de 2023, cuando se reportaron cortes eléctricos en al menos 22 estados del país. Ante la presión mediática, la presidenta explicó que no eran “apagones”, sino “interrupciones en el servicio” debido a fallas en la distribución de energía. Aunque la diferencia técnica puede ser válida, la distinción carece de relevancia para aquellos que se quedaron sin electricidad.
Incidentes en la Ciudad de México
En la Ciudad de México, el patrón se repitió tras la explosión de una pipa de gas en Iztapalapa que dejó 32 muertos. Días después, se detectó una grieta de 138 metros en el Puente La Concordia, cerca del sitio de la explosión. La jefa de gobierno destacó que se trataba de una “grieta” y no de un “socavón”, atribuyendo su formación a hundimientos históricos y a la lluvia. Sin embargo, esta precisón dejó innumerables interrogantes sobre la relación entre ambos incidentes.
Las Inundaciones en Veracruz
Otro caso revelador ocurrió en Poza Rica, Veracruz, en octubre de 2025, donde las inundaciones dejaron 29 muertos y al menos 18 desaparecidos. Antes de la crisis, la entonces gobernadora Rocío Nahle se refirió al desbordamiento del río Cazones como algo “ligero”, una expresión que resultó inadecuada al comprobarse la magnitud de la tragedia.
La Historia de la Retórica Oficial
La tendencia de utilizar eufemismos no es exclusiva de la actual administración. En marzo de 2023, tras el incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez que cobró 40 vidas, el presidente Andrés Manuel López Obrador atribuyó la causa del fuego a una protesta de migrantes. Un año después, el director del Tren Maya intentó minimizar un descarrilamiento en Tixkokob, clasificándolo como “un percance de vía”.
La Importancia de Nombrar la Realidad
El patrón común en todos estos incidentes apunta a la idea de que administrar una crisis empieza por administrar el lenguaje. Evitar términos como descarrilamiento, apagón o inundación no es meramente una cuestión estilística, sino que complica la rendición de cuentas. Un gobierno que evita utilizar la nomenclatura precisa posterga el momento de enfrentar las consecuencias de lo ocurrido.
La necesidad de llamar a las cosas por su nombre es fundamental para que la ciudadanía exija responsabilidad. Al cambiar el lenguaje, se oculta la realidad y, con ella, la oportunidad de mejorar. Reconocer la verdad forma parte del primer paso hacia la resolución de los problemas que afectan al país.
