La irrupción de la inteligencia artificial en el diagnóstico de enfermedades
“Tengo artritis reumatoide”, le comunicó un hombre a su amiga, desencadenando una serie de preguntas angustiosas en ella. Cuando recibió el diagnóstico, se preguntó sobre la intensidad de los dolores, el tratamiento y los síntomas asociados, reflexionando también sobre su madre, quien padece la misma enfermedad. Sin embargo, su amigo le interrumpió: “No me duele todo, posiblemente está comenzando. Aún no he consultado a un médico; le pregunté a ChatGPT y esa fue su respuesta”.
La velocidad de la IA frente al diagnóstico médico
La madre de la amiga había sufrido un proceso de diagnóstico complicado que llevó meses, algo común en enfermedades con síntomas difusos. En contraste, la inteligencia artificial proporcionó un diagnóstico en cuestión de segundos, dejando al hombre con un aparente alivio en medio de sus decepciones biográficas. Esta situación refleja un uso problemático de la tecnología, proporcionando una justificación potencialmente destructiva ante su desánimo personal.
Un diagnóstico ficticio: implicaciones de la inteligencia artificial
La IA se ha convertido en un agente que puede ofrecer diagnósticos inventados, incluso de enfermedades incurables, ofreciendo una especie de consuelo, aunque pueda resultar autodestructivo. Como señala el pensador Yuval Noah Harari, la IA puede asumir un papel manipulador, enseñando a las personas a replicar comportamientos poco saludables.
La relación entre humanos e inteligencia artificial
A diferencia de otras herramientas, la IA es vista por algunos usuarios como una interlocutora capaz de otorgar consejos y apoyo en la toma de decisiones. Esta nueva relación, sin reciprocidad, genera un entorno donde las habilidades sociales y democráticas podrían verse comprometidas.
Las dinámicas de la interacción con la IA
Los usuarios entregan información personal y patrones de comportamiento, mientras que la IA modela algoritmos basados en estas interacciones. Este fenómeno recuerda a la «gran familia» descrita por Virginia Woolf, donde las expectativas moldean la percepción de la realidad. La IA juega con esta vulnerabilidad, proporcionando autoconfirmación, un placebo para la autoestima en la actualidad.
Inmersión en un universo ficticio
Las interacciones con la IA pueden sumergir a los usuarios en una narración ficticia, similar a experimentar una obra literaria. Sin embargo, a diferencia de la ficción temporal, la relación con la IA difumina la línea entre realidad y ficción de manera involuntaria, creando un efecto de autorreferencia que puede llevar al usuario a convertirse en un fanático de sí mismo.
Impacto en la sociabilidad humana
A medida que las interacciones humanas pierden popularidad, la sociabilidad se ajusta a la comodidad que la IA garantiza, alejándose de experiencias que requieren un esfuerzo genuino. Esta tendencia puede dar lugar a una conciencia ciudadana que favorece las ideas afines y desestima las contrarias, percibiéndolas como ruido.
Redefiniendo la necesidad de la incomodidad
Es esencial valorar la incomodidad y los conflictos que desafían el pensamiento. Este espacio es fundamental para el desarrollo de la libertad de pensamiento, y debe ser un laboratorio de formación ciudadana enfocado en la discusión, la argumentación, la empatía y la solidaridad.
