Desde 1939, al menos 511 personas asociadas a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) fueron depuradas por el régimen franquista, poniendo fin a carreras prometedoras debido a sus creencias políticas, su profesión o simplemente por ser mujeres. En un hito histórico, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la principal entidad pública de investigación en España, ha publicado por primera vez un archivo que documenta estas depuraciones y las historias de sus víctimas. Este esfuerzo busca que las familias de los represaliados puedan contribuir a completar la historia de sus seres queridos, muchos de los cuales no tienen fotografías, solo referencias frías en los archivos.
La JAE y la continuidad con el CSIC
El próximo año se conmemoran 120 años de la creación de la JAE, que promovió intensamente las estancias en el extranjero para científicos españoles, presidida por Santiago Ramón y Cajal, el primer Nobel de Medicina español. Historiadores, como Ana Romero, advierten que la narrativa común de continuidad entre la JAE y el CSIC, creado en 1939 por Franco, es engañosa. Según Romero, “lo que este proyecto muestra son muchas rupturas y pocas continuidades”. Durante dos años y medio, se ha investigado en 13 archivos oficiales para rescatar las más de 500 historias de personas depuradas por el franquismo.
Un nuevo archivo digital
El nuevo archivo digital Memoria y Reparación fue presentado en la sede central del CSIC en Madrid. Este repositorio es parte de un compromiso de la institución para cumplir la ley de Memoria Democrática de 2022 y eliminar su legado franquista, que incluye la retirada de retratos de figuras clave relacionadas con el régimen. El archivo contiene tanto nombres prominentes, como el oceanógrafo Odón de Buen, como otros menos conocidos, cada una con su propia historia de represalia.
Historias de represaliados
Durante la presentación, se narraron las historias de varios represaliados. Ricarda Moreno Fernández, empleada de la Residencia de Estudiantes, fue condenada a separación definitiva por su participación en un comité durante la guerra. Rafael Méndez Martínez, médico becado por la JAE, fue reintegrado tras un proceso de depuración, pero finalmente se exilió a Estados Unidos y México. Por su parte, Carmen García Amo, química destacada, encontró cierta rehabilitación tras la guerra, aunque su carrera también fue afectada. Historias de figuras como el físico Santiago Piña de Rubíes, quien murió en prisión, y el químico Alberto Chalmeta Tomás, con una carrera llena de interrogantes, muestran la complejidad del contexto de represión.
Las mujeres en la depuración
El archivo también tiene una sección dedicada a las mujeres depuradas. Según Ana Romero, muchas de ellas no aparecen por su nombre en los archivos, y sus historias a menudo se encuentran escondidas en carpetas de hombres. Algunas mujeres, que estudian y trabajan en el Laboratorio Foster de la Residencia de Señoritas, fueron represaliadas, y muchas de ellas huyeron al exilio. Además, se cuestiona la falta de reconocimiento a mujeres sobresalientes, como las hermanas Vigón, quienes fueron confundidas por ser consideradas una sola persona en vez de dos doctoras.
Por ejemplo, María del Carmen Pescador del Hoyo, doctora en Filosofía y Letras, fue objeto de sanción por su vinculación con figuras consideradas subversivas y por vestirse de manera no convencional, lidiando con consecuencias que afectaron su carrera. En total, un 60% de los represaliados lograron continuar en sus trayectorias profesionales, mientras que un 40% terminó en el exilio, apartado de sus puestos o falleció en prisión. Este nuevo archivo pone de manifiesto la necesidad de que familiares de los afectados ayuden a completar las historias que aún carecen de información.
