El 5 de diciembre de 2018, la historia de Jonathan Romero tomó un giro trágico en el campo Los Aguirre, ubicado en Acapulco, Guerrero. Tras un partido, donde lucía su camiseta número 10 de Argentina, Jonathan fue detenido por una patrulla policial. En una llamada telefónica a su madre, expresó su confusión y prometió contactarla más tarde. Sin embargo, fue llevado por los agentes junto a su amigo Ignacio Rojas, cuyo cuerpo apareció al día siguiente con signos de tortura. Desde entonces, no se ha sabido nada más de Jonathan. Su hermana Nadia recuerda con emoción su pasión por el fútbol, reafirmando que “si él estuviera aquí, yo no estaría aquí”, mientras se dirige al Estadio Azteca para la inauguración del torneo de fútbol más importante.
Esta narrativa destaca el desolador contexto de la violencia y la desaparición que afecta a numerosas familias en México. En un país donde las estadísticas de desapariciones siguen aumentando, muchos esperan que eventos deportivos como este sirvan de plataforma para recordar a los desaparecidos y exigir justicia.
En Escobedo, Nuevo León, el drama de la desaparición también se manifiesta en la vida de Gustavo Hernández, quien sostiene una foto de su hijo Abraham, desaparecido en mayo de 2024. La búsqueda incansable de familias como la de Gustavo y Nadia refleja la lucha constante por verdad y justicia en un entorno marcado por la impunidad.
Mientras se celebra el torneo, la esperanza de que más personas se sumen a la búsqueda de los desaparecidos persiste. La esperanza de justicia resuena en cada rincón donde las familias anhelan respuestas a su dolor.
