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“Solo son matemáticas”. Esta frase pronunciada por la economista Claudia Goldin resonó entre el sindicato de las jugadoras de baloncesto de la NBA, quienes expresaron su frustración ante las justificaciones de la liga para no aumentar sus salarios. Goldin fue galardonada en 2023 con el Premio Nobel de Economía por su investigación sobre la brecha de género en el mercado laboral, demostrando que las mujeres han enfrentado históricamente una mayor discriminación laboral, reflejada en sus salarios y en las tareas no remuneradas que realizan en el hogar, las cuales son fundamentales para el crecimiento económico.
Un año después de recibir el Nobel, Goldin, profesora en Harvard, recibió una propuesta irrenunciable: asesorar a las jugadoras de la máxima liga de baloncesto del mundo en su lucha por un aumento salarial. Tras casi dos años de esfuerzos, Goldin logró que el salario de las jugadoras aumentara casi un 400%. Su estrategia se basó no solo en argumentar la discriminación, sino en presentar datos contundentes sobre la desigualdad salarial en la liga.
Según Goldin, mientras los jugadores masculinos ganan un promedio de 12 millones de dólares, la mayoría de las jugadoras apenas alcanzan un salario medio de 118.000 dólares, lo que implica que su pago es 80 veces menor que el de sus colegas hombres. “Nada puede justificar esta extraordinaria brecha salarial”, enfatizó Goldin en una columna de The New York Times. El baloncesto femenino ha crecido en popularidad y ha demostrado ser un espectáculo capaz de llenar estadios y asegurar contratos publicitarios significativos, una realidad que Goldin utilizó para defender la causa de las jugadoras.
Además, Goldin evidenció que los ingresos por retransmisiones de televisión y plataformas de streaming eran comparables en ambas ligas. Aunque los directivos argumentaban que la liga femenina tenía menos partidos y, por ende, un menor pago, Goldin demostró que el ingreso por contratos de emisión justifica que una jugadora de la NBA deba ganar al menos una cuarta parte de lo que un jugador masculino gana. Este año, el salario promedio de las jugadoras se ha elevado a 580.000 dólares, y sus contratos incluyen una cláusula que permite renegociar en tres años con base en los ingresos de la liga, asegurando así condiciones más favorables.
Goldin no cobró por su asesoría al sindicato, considerando que el cambio logrado es un paso hacia la transformación del status quo. Las ligas deportivas femeninas han alcanzado una relevancia unprecedented en varios países, aislando a los responsables de dichas ligas a reconsiderar su enfoque hacia las actividades deportivas femeninas, históricamente menospreciadas. Aunque persiste la resistencia al cambio, también hay una creciente intención de promover a las mujeres en un ámbito tradicionalmente dominado por hombres. La estrategia de Goldin demuestra que, frente a la marginación de las mujeres, se pueden utilizar herramientas efectivas para evidenciar la desigualdad de género.
¿Hubieran publicado los mismos libros de Heidegger, Marx y Hegel, si los tres hubieran dedicado más tiempo al cuidado de sus hijos?
Camila Osorio
El pasado mes de marzo, un colectivo activista en Alemania lanzó una provocativa pregunta a través de una intervención artística: disfrazó estatuas de grandes pensadores europeos con bebés de juguete. Aristóteles es retratado cambiando un pañal, mientras que Goethe sostiene un discurso con un niño en brazos. Este proyecto sugiere que los héroes del pasado no se ocuparon del cuidado familiar, una carga que recae desproporcionadamente sobre las mujeres.
Desde que soy madre, me sorprende cada vez más cómo lo que la Nobel de Economía de 2023, Claudia Goldin, demostró: la igualdad de género laboral mejora drásticamente después del nacimiento del primer hijo. Esto sucede porque muchas mujeres abandonan sus carreras para dedicarse al cuidado del bebé, un rol que tienen que asumir la mayoría de las veces. Los hombres, según la campaña alemana ‘Caring men’, siguen dedicando menos horas al cuidado que las mujeres y se benefician de políticas laborales que perpetúan esta desigualdad.
Quizás si la carga del cuidado se distribuyera de manera más equitativa, se publicaran más libros de autoras. Si no se valorara exclusivamente lo que se produce en lugar de lo que se cuida, podría haber más estatuas que recuerden la labor invisible que también sostiene nuestra sociedad.
