El destacado director indio Zubin Mehta, que ha marcado la historia de la música clásica durante más de seis décadas, comparte sus experiencias en España en el capítulo adicional de sus memorias, tituladas La partitura de mi vida (Rivera Editores). Su relación con el país comenzó en 1964, cuando tuvo la oportunidad de trabajar con la Orquesta Nacional de España en la emblemática Alhambra de Granada. Fue en este contexto que inició una entrañable amistad con la reina Sofía, quien lo llevó a experimentar la cultura gitana en las cuevas del Sacromonte.
Poco después de su debut en España, Mehta conoció al joven diplomático Alfonso Aijón en Bucarest. Seis años más tarde, Aijón fundaría Ibermúsica, la promotora de música clásica más influyente en el país. De esta colaboración surgieron 127 conciertos donde Mehta fue el protagonista. Aijón comenta sobre estos eventos en el programa de mano de los dos conciertos que celebraron el 90º cumpleaños del director, que se conmemora a finales de abril.
Celebraciones Musicales en Madrid
El sábado 14 de febrero y el domingo 15, Zubin Mehta dirigió a la West-Eastern Divan Orchestra, un conjunto creado por Daniel Barenboim en 1999, que reúne a jóvenes músicos israelíes, palestinos y de otros países árabes. Barenboim, que ha reducido sus actuaciones debido a su diagnóstico de párkinson, asistió a ambos conciertos junto a la reina Sofía.
Los programas incluyeron oberturas y sinfonías de compositores como Wagner, Beethoven, Chaikovski y Schubert, así como un concierto de Bruch. Las actuaciones continuarán en Barcelona y posteriormente en Oviedo, Turín y Viena, lo que refleja la importancia del legado de Mehta en la música clásica contemporánea.
Desafíos y Adversidades
A pesar de su legendaria carrera, la salud de Mehta ha influido en su desempeño musical. En su última visita a España, su fragilidad se evidenció al entrar en el escenario con un bastón. Ahora, dos años después, se presenta en silla de ruedas, asistido durante su actuación por su concertino, el violinista Mohamed Hiber.
Aunque Mehta muestra señales de debilidad física e imprecisiones visuales, su memoria musical se mantiene intacta. Su interpretación inicial en los conciertos se siente tensa, pero logra conectarse con la energía de la orquesta a medida que avanza la actuación.
Detalles de los Conciertos
En el primer concierto, la interpretación de la obertura Rienzi de Wagner fue recibida con críticas mixtas, describiéndola como lenta y pesada. El Concierto para violín núm. 1 de Max Bruch, con la solista María Dueñas, tuvo sus altibajos, con momentos de sincronía y otros de dificultad. La violinista expresó su gratitud por poder tocar bajo la dirección de Mehta, celebrando la importancia del director en la música clásica.
La segunda mitad del programa presentó la Cuarta Sinfonía de Chaikovski, que no logró satisfacer las expectativas. Los errores en entradas y la falta de precisión fueron evidentes, aunque la participación del concertino ayudó a mantener cierta cohesión en la ejecución.
El segundo día, la matiné ofreció interpretaciones más cohesivas, especialmente en obras de Beethoven y Schubert. La disposición de la orquesta, con una nueva organización de los instrumentos, mejoró la acústica y la dirección de Mehta, que rescató su sabiduría musical en la Sinfonía núm. 9 “La Grande” de Schubert. La audiencia ovacionó al maestro al finalizar la presentación, reconociendo su legado en el mundo de la música clásica.
