Un grupo de venezolanos, entre ellos niños y bebés, enfrenta la frustrante situación de estar atrapados en Miami tras un intento fallido de salir de Estados Unidos. A pesar de haber hecho las maletas, comprado boletos de avión y presentado sus documentos en el aeropuerto, las aerolíneas les negaron el embarque por no reconocer sus papeles como válidos. Así, lo que parecía ser el último paso de su viaje se transformó en “una pesadilla”.
Este revés es un claro reflejo de un problema estructural que afecta a cientos de venezolanos en EE UU: la falta de acceso a los documentos necesarios para abandonar el país. La razón subyacente es sencilla, pero compleja en la práctica: Venezuela no cuenta con consulados operativos en Estados Unidos, lo que impide a sus ciudadanos gestionar pasaportes o salvoconductos desde suelo estadounidense.
El grupo atrapado en Miami llegó desde distintas partes de EE UU con la intención de regresar de forma definitiva a Venezuela. Algunos ya no tienen documentos legales vigentes, mientras que otros temen perder su estatus migratorio debido a las políticas del Gobierno de Donald Trump. Una de las medidas más drásticas ha sido el anuncio de la terminación del Estatus de Protección Temporal (TPS), que podría dejar a cientos de miles de venezolanos sin permisos de trabajo y con riesgo de deportación.
Una situación de «limbo»
Entre los afectados se encuentra Yelitza Pérez, de 29 años. Luego de cuatro años en EE UU, viajó a Miami desde Misuri con la esperanza de regresar a Venezuela. Su decisión fue impulsada por la expulsión de su marido y la dificultad de criar a sus dos hijas en un entorno cada vez más incierto. “¿Qué hago yo aquí sin familia?”, se cuestiona.
Al intentar abordar el vuelo, Yelitza se encontró con la negativa de la aerolínea, que no aceptó su salvoconducto. Desde entonces, ella y otros ocho venezolanos permanecieron varados en el aeropuerto hasta que la organización Hermanos de la Calle intervino para trasladarlos a un motel, donde han estado durante más de dos semanas.
Ricardo Pinza, miembro de la organización, explica que han tenido que ampliar sus funciones habituales para ayudar a estas familias, proveyéndoles alimentos y refugio. Algunos de los afectados se han quedado sin dinero después de invertir todos sus ahorros en su regreso a Venezuela, encontrándose en una situación precaria.
El núcleo del problema radica en la burocracia. Muchos de estos migrantes carecen de documentos vigentes, pero tampoco pueden abandonar EE UU. Para ello, necesitan un salvoconducto, un documento temporal que sustituye a un pasaporte vencido y que solo se puede tramitar desde Venezuela. La ruptura de relaciones diplomáticas entre Caracas y Washington en 2019 ha dejado a los ciudadanos sin alternativa.
Maria Abellón, abogada de inmigración, explica que para obtener un pasaporte es necesaria la presencia física en un consulado. Muchos están intentando solicitar salvoconductos a través de familiares en Venezuela, un proceso que requiere tiempo y documentación que puede no ser aceptada por las aerolíneas.
El costo de la desesperación
A la parálisis burocrática se le suma el riesgo de fraudes. Algunos venezolanos recurren a intermediarios que prometen agilizar los trámites a cambio de tarifas exorbitantes. En muchos casos, el dinero desaparece y los documentos nunca llegan.
Carlos Machado, de 22 años, ha sido víctima de esta situación. Tras semanas atrapado en un motel, ha pagado miles de dólares a falsos abogados prometiendo soluciones: “Por mi primer salvoconducto pagué 900 dólares y me lo rechazaron”, explica. En total, ha perdido casi 2.900 dólares, una suma de dinero que para él representa meses de trabajo.
La llegada de Nicolás Maduro a EE UU a principios de 2023 ha propiciado un giro en las relaciones diplomáticas entre ambos países, con la posibilidad de restablecimiento de embajadas y consulados. La gestión de Delcy Rodríguez busca reactivar estos servicios para la comunidad venezolana en EE UU, lo que podría facilitar su regreso a casa.
Mientras tanto, los venezolanos atrapados en Miami continúan esperando una solución administrativa que, por el momento, parece estar estancada.
