Reivindicación de lo Clásico: Un Llamado a Valorar lo Anticuado

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La Violencia y la Frivolidad en la Política Colombiana

En el contexto político colombiano, las dinámicas de violencia y frivolidad han tomado protagonismo, generando inquietud entre los ciudadanos. En un análisis sobre el Líbano, el escritor Christopher Hitchens recordó un incidente en Beirut, donde se encontró con una esvástica pintada en una pared y decidió desfigurarla. Este acto de resistencia llevó a Hitchens a reflexionar sobre la importancia de defender principios éticos y culturales, aunque fueran considerados «anticuados».

Una Reflexión sobre la Tolerancia y el Sentido Común

Hitchens, con su estilo directo, abordó cuestiones que muchos preferirían ignorar. Dijo: «Llámenme anticuado, pero un homófobo declarado no debería ocupar un cargo en un Gobierno progresista». Esta misma línea de pensamiento podría aplicarse a la política colombiana actual, donde parece que las amenazas de violencia se han normalizado en el discurso electoral. Algunas figuras políticas, incluso, han expresado abiertamente su intención de hacer daño a sus oponentes ideológicos, lo que plantea serias dudas sobre la idoneidad de sus candidaturas.

Las Amenazas que Marcan el Discurso Político

Recientemente, un candidato de la derecha comenzó su campaña con declaraciones que incluían la intención de «destripar» a quienes se oponen a él. Esta retórica no solo suscita preocupaciones sobre la moralidad política, sino que también refleja una atmósfera en la que la violencia es aceptada e incluso celebrada. Un episodio notable ocurrió cuando una reina de belleza preguntó a un candidato a quién preferiría «darle bala», lo que evidenció la frivolidad con la que se aborda el tema de la violencia.

El Efecto de la Violencia en la Sociedad

La violencia en Colombia, lejos de ser una rareza, se ha convertido en parte del lenguaje cotidiano de la política. La falta de un mecanismo moral que frene este tipo de expresiones hace que se acepte, o al menos se ignore, el lenguaje violento. La discrepancia entre quienes condenan la retórica de algunos líderes y apoyan a otros que hacen uso de la misma violencia verbal es un signo preocupante de una mentalidad de guerra que se ha arraigado en la sociedad.

La Posición de Sergio Fajardo

Sergio Fajardo ha sido uno de los pocos en la política colombiana que ha manifestado con claridad su oposición a la retórica violenta. Fajardo señaló que el aspirante a la presidencia, De la Espriella, representa un riesgo para el país no solo por sus conexiones con la corrupción, sino por su uso habitual del lenguaje agresivo. «Estoy en contra de cualquier persona que diga que va a destripar a sus rivales», afirmó Fajardo, enfatizando que la violencia de las palabras lleva inevitablemente a más violencia.

Construyendo un Proyecto Político Sin Violencia

Fajardo ha promovido la idea de que es posible construir un proyecto político sin recurrir a la violencia o a la descalificación de los oponentes. Su insistencia en el respeto y el diálogo pone de relieve una alternativa en un contexto donde la agresión parece ser la norma. En este sentido, el llamado a la reflexión que plantean sus declaraciones merecería ser considerado por aquellos que incitan al odio y a la violencia en sus discursos.

Las preocupaciones sobre la violencia y la frivolidad en la política colombiana están más vigentes que nunca, y la necesidad de establecer un discurso que promueva el respeto y el diálogo es esencial para el futuro del país.

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