Operación Militar de EE. UU. en Venezuela: Reacciones Iberoamericanas
Tras la operación militar de Estados Unidos en Venezuela el 3 de enero de 2026, que resultó en la detención de Nicolás Maduro y Cilia Flores, se generó una respuesta conjunta de los gobiernos de Brasil, México, Colombia, Chile, Uruguay y España. A pesar de la gravedad de esta intervención en Caracas, los mandatarios se limitaron a expresar su “preocupación y rechazo” hacia el unilateralismo de Washington, subrayando la importancia de regresar al cumplimiento del derecho internacional y las normativas de la ONU.
Soberanía Nacional y Recursos Naturales
Los presidentes reafirmaron su compromiso con el respeto a la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos, principios fundamentales de la tradición diplomática latinoamericana. También defendieron el control nacional de los recursos naturales y energéticos, un legado de las luchas revolucionarias en la región durante el siglo XX.
El comunicado emitido sugirió que la crisis en Venezuela debía solucionarse de manera pacífica, priorizando el diálogo y la negociación en consonancia con la voluntad del pueblo venezolano. Sin embargo, varios gobiernos, incluyendo los de España, Chile, Brasil y Colombia, habían cuestionado la reelección de Maduro en 2024, lo que generó interpretaciones ambiguas sobre su apoyo.
Desacuerdos en la Agenda Internacional
Curiosamente, durante la conferencia de prensa del presidente estadounidense Donald Trump y otros aliados, no se mencionó la necesidad de una “solución democrática” para Venezuela. A lo largo de los días posteriores, Trump y otros líderes rechazaron explícitamente un proceso de cambio de régimen y cuestionaron la legitimidad de figuras opositoras, favoreciendo en cambio a Delcy Rodríguez como sucesora potencial de Maduro.
Este enfoque refleja una polarización en la esfera internacional respecto a Venezuela. Por un lado, el progresismo latinoamericano busca diferenciarse de las agendas estadounidenses y bolivarianas, mientras los intereses geopolíticos de potencias como China y Rusia, que buscan contrarrestar a Washington, se consolidan desde el Caribe.
Parálisis Diplomática en América Latina
A pesar de los llamados a una estrategia cohesiva, la falta de un plan de acción claro por parte de los gobiernos progresistas contribuyó a una inacción en la región. Desde el retroceso de Trump hasta la aparición de nuevas derechas alineadas con su movimiento, América Latina enfrentó parálisis diplomática, con México bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador desempeñando un papel clave en este contexto.
La diplomacia mexicana, especialmente tras la visita de López Obrador a Cuba en 2022, se vio atrapada entre los intereses de Cuba y Estados Unidos, oscilando entre la integración norteamericana y un enfoque latinoamericanista que incluía a Cuba como un aliado estratégico.
Reacción Tardía ante la Intervención
La incapacidad de América Latina para reaccionar eficazmente a la escalada militar estadounidense en Venezuela se hizo evidente. Solo dos gobiernos, los de Lula da Silva en Brasil y Gustavo Petro en Colombia, se opusieron firmemente a la intervención, que incluyó un bloqueo petrolero y la incautación de buques venezolanos.
La pasividad de Rusia y China también contribuyó a este vacío de poder, priorizando sus intereses en otros conflictos geopolíticos, lo que debilitó la conexión entre América Latina y Europa en un contexto marcado por las divisiones políticas en la región.
La Llamada a una Transición Democrática
A pesar de la tardía reacción de los seis gobiernos iberoamericanos, su postura enfatizada podría marcar un cambio en el enfoque hacia Venezuela. La propuesta de una transición democrática, resultado de un nuevo proceso electoral y no de una sucesión autoritaria, se presenta como un camino necesario para restaurar la legitimidad en el país suramericano. Los esfuerzos diplomáticos deben dirigirse en esta dirección, no solo por una cuestión defensiva, sino también como un llamado a la diversificación internacional de América Latina.
