Milicias chiíes en Irak: ‘Irán no inició la guerra’, afirman contra EE. UU.

Milicias chiíes en Irak: ‘Irán no inició la guerra’, afirman contra EE. UU.

Las ciudades de Faluya y Mosul evocan recuerdos de guerra y destrucción, aunque muchos no saben ubicarlas en el mapa de Irak. Faluya es conocida por su feroz resistencia contra los marines estadounidenses durante la invasión de 2003, que derrocó a Sadam Husein y facilitó la llegada de un nuevo sistema político dominado por partidos chiíes. Mosul, por otro lado, se convirtió en símbolo del auge del yihadismo cuando, en junio de 2014, Abu Bakr al Baghdadi proclamó el califato del Estado Islámico (ISIS) desde el púlpito de la Gran Mezquita al Nuri.

Ambos acontecimientos han marcado profundamente a Irak, dejando huellas políticas, sociales y confesionales que condicionan a los gobiernos en Bagdad. Más de dos décadas después de la invasión, estas ciudades comienzan a mostrar señales de reconstrucción, con obras en proceso y un olor a pintura fresca. Sin embargo, tras la reciente ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, Faluya y Mosul han vuelto a ser blanco de drones y misiles, arrastrando a Irak hacia una nueva contienda.

La perspectiva de los combatientes

Mohamad Adnan, enlace de las Fuerzas de Movilización Populares (FMP) con el ejército iraquí, plantea una crucial cuestión: “¿Quién ha empezado la guerra? ¿Irán o América?”. Adnan sostiene que es Estados Unidos el que, en su intento de imponer una cultura democrática, ha desestabilizado la región. Su indignación se refleja en sus palabras: “Hemos perdido más de 52 hombres por los ataques de EE. UU. contra nuestras bases”. A pesar del riesgo que enfrenta, concede una entrevista en un moderno centro comercial de Bagdad.

Adnan defiende las acciones de las FMP, argumentando que son una fuerza legítima que opera bajo las directrices del primer ministro iraquí. La OTAN, ante el incremento de hostilidades, anunció la evacuación de su personal militar el 20 de marzo, poniendo de manifiesto la creciente tensión en el país.

Las Fuerzas de Movilización Populares

Las FMP, consideradas héroes en Irak por su contribución en la lucha contra el ISIS entre 2014 y 2017, se han integrado en una compleja estructura militar junto al ejército regular. Con alrededor de 170,000 efectivos, estas fuerzas operan de manera paralela, pero coordinada, con los aproximadamente 400,000 soldados del ejército. Esta dualidad en la estructura militar ha generado complicaciones, ya que muchas familias iraquíes tienen miembros en ambos grupos.

La difícil situación actual también se manifiesta en la falta de claridad sobre la necesidad de mantener estas fuerzas paralelas. Adnan menciona que su misión abarca tareas de seguridad, reconstrucción y lucha contra las drogas, en un contexto donde Irak ha cambiado de ser un país de tránsito a uno consumidor de drogas sintéticas.

Un conflicto de lealtades

A pesar de sus lazos con Irán, los miembros de las FMP se niegan a ser catalogados como agentes de ese país. “Luchamos por nuestro país”, insiste un oficial que recuerda cómo Irán fue el primero en ofrecer ayuda en 2014, justo cuando el ISIS avanzaba. Los FMP, aunque han ganado poder político, son vistas por algunos sectores como un legado de décadas de opresión y ahora se consideran los defensores de una mayoría chií que busca mantener la soberanía irakí frente a influencias extranjeras.

Los líderes de las FMP cuentan con representación en el parlamento, lo que alimenta acusaciones de corrupción y monopolización en el sector económico. A medida que aumentan los ataques contra policías y soldados, el gobierno iraquí busca soluciones y llama a consultas a los representantes estadounidenses. El primer ministro, Mohammed Shiaa al Sudani, reafirma que las FMP forman parte del aparato estatal, aunque distingue entre estas fuerzas y otras facciones que su gobierno negocia desarmar.

La influencia de Irán y el futuro de Irak

Un sheij de Al Nujabá, una de las facciones proiraníes más activas, subraya que su objetivo es la salida de las fuerzas estadounidenses e insiste en que su grupo no puede permanecer al margen del conflicto. Los ataques contra intereses estadounidenses se han intensificado, evidenciando la complejidad de la situación en Irak, donde conviven diferentes facciones con agendas diversas, pero todas comparten una resistencia a la injerencia extranjera.

En este contexto, las manifestaciones de lealtad hacia Irán y la oposición a Estados Unidos parecen formar parte de una narrativa regional que ha llevado a Irak a una encrucijada de la que no puede escapar fácilmente. A medida que continúa la tensión, Bagdad enfrenta un desafío significativo en su intento por consolidar un gobierno efectivamente soberano en medio de facciones armadas y conflictos de intereses.

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