Donald Trump ha tomado un paso para permitir la entrada de petróleo a Cuba, y México busca capitalizar esta oportunidad. La reciente autorización del presidente estadounidense para la llegada de un buque petrolero ruso, que transportaba más de 700.000 barriles, a los puertos cubanos representa un primer indicio de flexibilidad en medio de la crisis energética que afecta a la isla desde hace tres meses. La Casa Blanca ha aclarado que este movimiento no implica un cambio profundo en su política de sanciones, y que se evaluarán las solicitudes de entrada de otros buques de manera individual. La estrategia del Gobierno mexicano se centra en buscar alternativas dentro de un marco que evita sanciones, lo que implica que no realizarán ningún movimiento sin el consentimiento de Estados Unidos.
La llegada del petrolero con bandera rusa Anatoly Kolodkin a Cuba se produjo tras la decisión de Trump de levantar temporalmente la restricción impuesta por la Guardia Costera estadounidense, que limitaba el acceso marítimo a la isla. Desde el Kremlin, se insinuó que Rusia había recibido aprobación de Washington, mientras que Trump manifestó que no tenía “ningún problema” en que un país enviara petróleo a Cuba, sugiriendo que la situación de la isla era desesperada. No obstante, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, enfatizó que no hubo una modificación formal en la política de sanciones y que la llegada del buque se basaba en “necesidades humanitarias del pueblo cubano”.
El impacto de la crisis cubana es alarmante. La llegada de las 100.000 toneladas de crudo apenas cubre las necesidades energéticas de un solo día. La economía cubana enfrenta un profundo colapso, caracterizado por la escasez de productos esenciales y severos problemas en servicios básicos como hospitales y transporte. La petrolera estatal, Cupet, anunció que la mayor parte del crudo importado se destinará a refinar combustible para el transporte y otros servicios vitales, dejando en un segundo plano las envejecidas centrales termoeléctricas.
Además, Trump ha realizado comentarios agresivos, afirmando que sería “un gran honor” para él “tomar Cuba”. En respuesta, el régimen cubano, que mantiene un canal de comunicación abierto con Washington, ha hecho gestos diplomáticos, aunque ninguno tan significativo como la reciente liberación de más de 2.000 presos. También han permitido a los exiliados cubanos iniciar negocios en la isla, mientras mantienen una retórica de resistencia contra lo que consideran imperialismo estadounidense.
En este contexto complejo, México ha mantenido varias líneas de comunicación con Estados Unidos. La Secretaría de Relaciones Exteriores ha intensificado el diálogo con el secretario de Estado, Marcos Rubio, y la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido conversaciones directas con Donald Trump. Sin embargo, las conversaciones sobre el envío de petróleo a Cuba no han sido parte de la agenda reciente. El último carguero de petróleo en llegar a la isla, el 9 de enero, era mexicano. Con el cierre del suministro de Venezuela, que había sido su principal fuente de apoyo, México se convierte en uno de los pocos aliados restantes de Cuba. Las sanciones de Trump, que declararon una “emergencia nacional” sobre Cuba, han detenido los envíos mexicanos que anteriormente habían posicionado a México como el principal proveedor de la isla.
Claudia Sheinbaum ha priorizado la ayuda humanitaria, y México ya ha enviado más de 2.000 toneladas de víveres a Cuba. Gracias a recientes medidas de apertura económica del régimen cubano que permiten la importación de pequeñas cantidades de combustible por empresas privadas, la petrolera estatal Mexicana, Pemex, ha estado en contacto con empresarios cubanos.
Este apoyo a Cuba tiene también una dimensión interna significativa para el Gobierno mexicano y refleja una larga tradición de cooperación entre ambos países que se remonta a administraciones anteriores. A diferencia de otras crisis en la región, el Gobierno mexicano ha reaccionado de manera firme ante la situación en Cuba. La conexión entre México y La Habana se ha visto reflejada en iniciativas como la creación de una organización civil, Humanidad para América Latina, promovida por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, destinada a enviar víveres a la isla. La presidenta Sheinbaum ha contribuido personalmente con una donación de 20.000 pesos.
