La escritora cubana Maielis González nació en La Habana en 1989, el mismo año en que el Muro de Berlín cayó y el imperio soviético comenzó a desmoronarse. En ese momento, Cuba ya había iniciado la construcción de una central nuclear en Juraguá, impulsada por Moscú para ofrecer al régimen de Fidel Castro una mayor autonomía energética. Sin embargo, esa obra monumental sería suspendida en 1992, dejando a la central a medio construir y a su alrededor una ciudad sin terminar. Este contexto es esencial en la novela Nuclear (Yegua de Troya), donde uno de los protagonistas, Benicio, enfrenta la soledad en una Cuba marcada por el éxodo de sus compatriotas, mientras sueña con dedicarse al cine y planea filmar en las ruinas de la central nuclear.
En Nuclear, Benicio se encuentra con personajes en la abandonada Juraguá y su expareja realiza un viaje a una residencia artística en Argentina. Esta intersección de historias lleva a la obra hacia el ámbito de la ciencia ficción. González destaca la riqueza del género, que ha sido explorado por autores cubanos como Erick J. Mota en Habana Underguater. Aunque no ha visitado las ruinas de la central, conoce su historia, que inspiró la película La gran obra del siglo. La autora también reconoce que, a pesar del aislamiento en Cuba, sus escritores han participado activamente en las nuevas corrientes de literatura de género. En su obra, hace referencias explícitas a obras de Mario Levrero, Andréi Tarkovski y los hermanos Strugatski, y menciona a otros autores contemporáneos que han tomado caminos similares.
Este no es el primer acercamiento de González a la ciencia ficción; de hecho, Nuclear es su novena publicación. Anteriormente, lanzó títulos a través de pequeños sellos y, junto a Sofía Baker, creó el podcast Las Escritoras de Urra, enfocado en autoras contemporáneas de género fantástico. Su reciente novela, Palenque (Cuatro lunas), retorna al pasado esclavista de Cuba. Sin embargo, Nuclear es especial ya que está dedicada a su generación, marcada por el desencanto y el cinismo en contraste con la nostalgia de la revolución que aún persiste en las generaciones anteriores.
Los nacidos en las últimas décadas del siglo XX en Cuba han crecido bajo la sombra de una utopía fallida, como lo señala González: “Estamos marcados por la diáspora”. En la novela, las voces de Claudia y Benicio reflejan dos posturas sobre la realidad cubana: quienes emigran y quienes permanecen, una dualidad reconocida dentro de la teoría literaria cubana. Claudia, en Argentina, experimenta la incomodidad de los estereotipos asociados a Cuba, mientras que Benicio lidia con el aislamiento frente al éxodo de su generación. Ambas voces están intentando construir sus narrativas.
La experiencia de Claudia en Buenos Aires le provoca reflexión sobre la imagen de Cuba en el exterior, y en su ironía menciona la falta de entendimiento acerca de la diversidad de experiencias en la isla. González, quien también emigró, compartió un camino similar: llegó a España tras pasar un tiempo en Argentina y vivió cerca de cinco años indocumentada. Actualmente trabaja en la Librería de Mujeres en Madrid e imparte clases en la Escuela de Escritores. Nuclear incluye no solo sus vivencias en la diáspora, sino también observaciones sobre la Cuba contemporánea, enfatizando que quienes se van, a menudo, permanecen conectados con la situación en la isla.
Sobre el estado actual de Cuba, la escritora expresa que el régimen enfrenta una crisis de recursos, reflexionando: “Cuba está suspendida con respiración artificial”. González también critica la falta de atención a la dictadura cubana desde sectores progresistas y busca mostrar realidades complejas que escapan a los estereotipos simplistas, enfatizando que, aunque la democracia en Cuba es un ideal lejano, los cubanos están aprendiendo a construir su voz y su identidad como ciudadanos.
La novela Nuclear aborda diversas problemáticas sociales en Cuba, desde la estratificación social reconocida por sus protagonistas hasta la lucha por los derechos de las mujeres. También se toca el fenómeno del reparto, un género musical de barrios marginados que contradice el discurso oficial del régimen. González aborda las dificultades que enfrentan los artistas en la isla, resaltando la precariedad del cine y el cuestionamiento moral que implica dedicarse al arte en un país que se desmorona.
Maielis González se siente satisfecha al ser una mediadora de lecturas, no solo una autora que retrata una realidad aislada. En Nuclear, su personaje Benicio considera a un extraño guía en las ruinas de Juraguá, planteando preguntas sobre la naturaleza de la ayuda y la visibilidad. En ese sentido, González cree que la escritura puede ofrecer una conexión entre mundos y facilitar la exploración de fronteras a través de la ficción, destacando que en cada historia hay un espacio intermedio lleno de posibilidades.
