La odisea de los primeros cubanos deportados a Guantánamo desde EE. UU.

Primeros cubanos deportados desde EE.UU. enfrentan su odisea en Guantánamo

Más de 50 migrantes cubanos fueron trasladados desde Louisiana hacia Guantánamo en diciembre, creyendo que regresarían a Cuba. Después de varias semanas, fueron devueltos a EE. UU. y luego deportados a La Habana.

El 31 de enero, durante la hora de baño en el Campamento 6 de Guantánamo, los detenidos cubanos escucharon un fuerte estruendo en el área de las duchas, el sonido de un cuerpo cayendo. Vladimir Gago Soriano, uno de ellos, se desplomó pesadamente sobre su pierna izquierda, que ha sido sometida a ocho cirugías debido a un accidente de motocicleta hace dos años. Resbaló en un charco de agua, y los demás prisioneros comenzaron a gritar pidiendo ayuda. Las autoridades tardaron una hora en llegar, le pusieron los grilletes y lo trasladaron en un vehículo. Debido al ruido del motor, Vladimir sospecha que era un vehículo grande, aunque no puede estar seguro porque le cubrieron los ojos.

Los Estados Unidos enviaron a más de 50 cubanos al centro de detención de migrantes en Guantánamo Bay a finales del año pasado. Según muchos testimonios, los migrantes creían que aterrizarían en La Habana, pero en realidad llegaron a la base militar estadounidense en el otro lado de la isla. Estaban en su país, pero no realmente.

La Desilusión de la Deportación

El 13 de diciembre, Arelys Piloto recibió una llamada de su hijo de 22 años, Alexander Peraza. Después de casi 12 meses bajo custodia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), le informaron que sería deportado a Cuba. “Mi hijo me llamó feliz y dijo: ‘Ahora me voy’”, recuerda la madre. Maykel Rivera, de 38 años, también compartió su alegría con su tía, al creer que regresaría a la isla. “Los niños estaban muy emocionados por la llegada de su padre”, comenta Daysi Alfonso.

Para estas familias, la deportación de sus hijos, que no tenían antecedentes criminales, fue devastadora. Habían trabajado arduamente en Miami y creían que regresar a Cuba, a pesar de la difícil situación que enfrenta el país, era mejor que permanecer en las instalaciones de detención de inmigración en EE. UU., donde más de 70,000 migrantes están actualmente recluidos.

Un Viaje Equivocado

La noche del 14 de diciembre de 2025, guardias del centro de detención de Louisiana informaron a un grupo de 22 cubanos que estaban por salir. Se vistieron con uniformes de prisión y fueron trasladados al aeropuerto para abordar un vuelo charter de ICE. Tras más de dos horas, aterrizaron, pero no vieron La Habana, sino un cartel que les daba la bienvenida a la “Base Naval de Guantánamo”, un establecimiento que EE. UU. ha mantenido en el Caribe desde 1903, por el cual debería pagar a Cuba $4,085 anuales, un pago que el régimen castrista ha rechazado cobrar durante décadas.

Los cubanos comenzaron a inquietarse. Localizados en un lugar que consideraban territorio del resto de su país, cuestionaron la razón de su detención en una base militar estadounidense. Eran los primeros migrantes en regresar a las celdas de Guantánamo desde que un juez federal afirmó que el presidente de EE. UU. no podía detener migrantes en bases militares. Esto había cambiado con la administración Trump, que buscaba albergar a miles de migrantes en la instalación.

La Comunicación Cortada

En Cuba, las familias no tenían noticias de los detenidos. Tras días de incertidumbre, comenzaron a recibir llamadas. “¿Estás en Guantánamo?”, preguntó Arelys a su hijo, aterrorizada. Daysi recibió una llamada similar de Maykel, quien rápidamente reveló su situación. “¡Pero qué quieres decir, Guantánamo?”, exclamó Daysi en estado de shock.

Una Prisión Misteriosa

Si Misdrey Arrondi pudiera, iría a Guantánamo para recuperar a su hijo. Los detenidos han informado de condiciones precarias, como ser alimentados con papas y guisantes y tener un tiempo limitado de llamadas. La cercanía geográfica entre las familias y sus seres queridos amplifica la angustia de la separación. Tras 50 días en la base, los detenidos empezaron a pedir su liberación, sintiéndose atrapados en un limbo.

Retorno y Nuevos Desafíos

El 2 de febrero, las familias revisaron desesperadamente el localizador de ICE, pero no encontraron a sus seres queridos. Pronto, descubrieron que habían sido devueltos a un centro de detención en Louisiana. Sin embargo, la situación no duró mucho, pues pronto fueron deportados nuevamente, esta vez finalmente a Cuba, donde la situación económica es devastadora.

El 9 de febrero, Irisaris recibió una llamada: su hijo había aterrizado en La Habana. Aunque el regreso fue un alivio, la realidad de la crisis humanitaria en Cuba pesaba sobre ella. “Pero está libre”, concluyó, tocando la complejidad de su situación.

Así culminó el largo viaje de los cubanos detenidos en Guantánamo, donde volver a su país significó enfrentarse a nuevas y desafiante realidades.

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