La Izquierda en Crisis: ¿Qué Le Aconseja a la Oposición?

La Izquierda en Crisis: ¿Qué Le Aconseja a la Oposición?

El Gobierno de Gabriel Boric comenzó con una premisa política errónea: subordinar su agenda al resultado del plebiscito constituyente. La derrota del proyecto de la Convención Constitucional marcó un punto de inflexión, obligando al Gobierno a redefinir su enfoque con apenas un corto periodo en el cargo. A pesar de que la izquierda aún no ha comprendido la magnitud de este fracaso, se desvió la atención hacia un problema tal vez más grave: la formación de un Gobierno basado en una alianza vacía entre el Socialismo Democrático, el Frente Amplio y el Partido Comunista.

La vieja guardia concertacionista fue vista como el salvavidas de un Gobierno que enfrentaba múltiples desafíos. Sin embargo, esta alianza nunca estuvo bien cimentada. Apenas meses antes, en la segunda vuelta electoral que enfrentó a Gabriel Boric y José Antonio Kast, se había gestado un frente común, fundamentado en la negativa a aceptar la victoria del candidato de la derecha. El verdadero peso ideológico, se suponía, recaería sobre el emergente Frente Amplio, grupo que había planteado la necesidad de superar la Concertación y el legado neoliberal con el apoyo de figuras como Michelle Bachelet. Teóricamente, contaban con un programa claro, que abarcaba herramientas innovadoras, jóvenes con experiencia internacional y una generación no contaminada por las dinámicas del poder de las últimas tres décadas.

No obstante, estas credenciales académicas se desvanecieron rápidamente. Aunque gobernar Chile es un desafío para cualquier administración, se evidenció que no solo faltaban propuestas, sino que el diagnóstico acerca del país estaba erróneo. No se trataba de que sus construcciones intelectuales fueran incorrectas, sino de una falta de entendimiento profundo sobre lo que representaba Chile y lo que implicaba gobernarlo. Esta crítica fue articulada con fuerza por el académico Juan Pablo Luna, quien en una entrevista de 2022: “El Frente Amplio hace política desde el aire, mediante redes sociales y operaciones comunicacionales, tomando decisiones desde arriba con diagnósticos poco profundos y consignas simplistas”. ¿Cómo podían gobernar un país que no conocían?

La realidad se hizo evidente muy pronto, con la ministra Izkia Siches lidiando con la violencia en Temucuicui a tan solo una semana de iniciado el Gobierno. La falta de ideas era palpable, y el concepto de «territorio» resultó un mero eslogan. A diferencia de sus antecesores, la Concertación había emprendido un largo y doloroso proceso de renovación intelectual. Aunque imperfecta, esa renovación dotó de sentido a su acción política, estableciendo un marco de referencia que no dependía simplemente de las personas o la imagen pública.

Sin una estructura de ideas sólida, el peso recayó en las figuras, particularmente en el presidente Boric, cuya imagen, lecturas y hasta su mascota, Brownie, se convirtieron en el símbolo de un Gobierno tambaleante. Esto se evidenció de manera notable en una desafortunada conferencia de prensa, donde Boric intentó gestionar la crisis del caso Monsalve, defendiendo lo indefendible, ante la ausencia de un argumento sólido. Sin una tesis clara, se observó un pragmatismo errático, carente de justificaciones que justificaran sus acciones.

Esta situación no era exclusiva del Frente Amplio o de Boric. El Socialismo Democrático también carecía de propuestas, ofreciendo solo una moderación poco convincente. Habían cedido terreno durante la ola constituyente y, como resultado, carecían de credibilidad para reclamar su lugar en la agenda política. Esta falta de continuación en la renovación intelectual que había comenzado en los 80 contribuyó a su subordinación frente al Frente Amplio en la coalición.

La carencia de un proyecto intelectual en la izquierda representa un problema significativo para el país. No solo se requiere de oposiciones leales que puedan identificar las debilidades del adversario, sino que una izquierda sin ideas corre el riesgo de movilizarse únicamente por el poder. Las primeras reacciones al gabinete de Kast reflejaron esta realidad, con un tono más cercano a la descalificación que al análisis. El diputado Daniel Manouchehri describió el gabinete como “armado a los tumbos, con las segundas o terceras opciones, al servicio de grandes grupos económicos”, pronosticando que sería un “gabinete con fecha de vencimiento y desconectado del país real.” Este será el tono desde el 11 de marzo en adelante.

La izquierda cuenta con cuatro años para corregir lo que no supo gestionar en esta administración. La interrogante persiste: ¿aprovechará este tiempo para elaborar un diagnóstico serio sobre el país, o repetirá los errores de su actuación durante el segundo mandato de Sebastián Piñera? Las acusaciones y las actitudes desleales han sido la tónica reciente, dejando de lado el interés por el bienestar del país. Esto se refleja en la dinámica actual, donde el Socialismo Democrático ha convocado una jornada de reflexión, dejando a un lado explícitamente al Frente Amplio y al Partido Comunista. Una forma curiosa de finalizar un Gobierno que pretendió consolidar “la más amplia unidad de las izquierdas.”

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