El reciente Gobierno de José Antonio Kast, que asumió el 11 de marzo de 2025, ha generado comparaciones con la administración anterior de Gabriel Boric, a pesar de sus notorias diferencias ideológicas. Ambos presidentes, desde sus respectivos extremos del espectro político chileno, han enfrentado desafíos significativos en sus inicios, reflejando en parte un contexto político similar. Neither cuenta con mayoría en la Cámara de Diputados ni en el Senado, lo que les obliga a negociar cuidadosamente con otros parlamentarios para avanzar en sus proyectos. Además, ambos enfrentan la desconfianza de una ciudadanía que, aunque los elige, tiende a retirar su apoyo rápidamente una vez que asumen el poder, lo que ha provocado un aumento en la desaprobación en estas primeras semanas de mandato.
Uno de los puntos en común más destacados es la promesa de cambio que llevó a ambos al poder. El electorado chileno ha manifestado una fuerte necesidad de transformación, eligiendo cada cuatro años opciones distintas al oficialismo. Tanto Boric, con su discurso antineoliberal, como Kast, quien se presenta como un líder de emergencia, han arriesgado con Gabinetes compuestos mayoritariamente por figuras inexpertas. Sin embargo, esta autoexigencia de cambio no ha sido suficiente para generar resultados inmediatos.
Las encuestas indican que Kast enfrenta un notable descenso en apoyo popular. Un sondeo de Descifra reveló que el 60% de los ciudadanos considera que el Gobierno de Kast pudo haber actuado de otra manera frente al aumento del precio de los combustibles. La decisión de no utilizar el mecanismo de contención vigente desde 2014 ha hecho que el alza de gasolina y diésel recaiga directamente sobre los consumidores. Tras el anuncio de este incremento histórico, la aprobación presidencial cayó 10 puntos, pasando del 57% al 47%, mientras que la desaprobación subió 15 puntos, alcanzando el 49%. Esta tendencia recuerda la experiencia de Boric, cuyo rechazo también superó el respaldo en sus primeras semanas, en gran parte debido a un grave error de gestión.
En 2022, la ministra del Interior de Boric, Izkia Siches, enfrentó un violento rechazo en la zona de La Araucanía durante su visita, lo que debilitó su posición rápidamente. Boric reconoció posteriormente que este episodio evidenció un «voluntarismo muy torpe» de su Gobierno, que esperaba resolver conflictos complejos con acciones inmediatas. Kast, por su parte, llegó a La Moneda prometiendo controlar la delincuencia y revitalizar la economía. Sin embargo, en sus primeras semanas, se registraron 18 homicidios, lo que representa un aumento del 20% en comparación con el mismo período del año anterior.
En el ámbito económico, la inflación podría incrementarse por la decisión del Gobierno de no intervenir en los precios de los combustibles, algo inesperado para una administración de derecha. Mientras tanto, Boric integró a figuras moderadas en su Gabinete, aunque este enfoque se amplió después de la derrota de su primer proceso constitucional. Kast enfrenta un dilema similar: su gabinete está compuesto mayoritariamente por independientes, con pocas figuras de la derecha tradicional. Las preguntas que quedan son cuán pronto podrá incorporar a la derecha histórica, si moderará su estilo o mantendrá una línea política más agresiva, y si logrará construir una base de apoyo sólida en el largo plazo.
