El destierro de José Barco: un veterano estadounidense deportado a México
Tras pelear en Irak, cumplió 16 años de cárcel antes de ser expulsado del país: «Tengo derecho a que me entierren en un cementerio nacional, pero no a vivir en Estados Unidos».
Un destino incierto en Villahermosa
José Barco, un veterano de guerra de 40 años, se encuentra ahora en Villahermosa, Tabasco. Este veterano de Irak, hijo de refugiados cubanos y nacido en Venezuela, ha vivido una serie de eventos que lo llevaron a estar sin hogar ni patria. Después de cumplir casi 16 años de prisión y otros 10 meses en detención migratoria, fue deportado a México, un país al que no puede considerar su hogar.
La libertad que anhelaba no es lo que imaginaba. Con su pensión de veterano, Barco vive en un pequeño estudio turístico, donde lucha contra la soledad y la incertidumbre que aún siente, a pesar de estar físicamente fuera de prisión. «La soledad es debilitante», confiesa, añadiendo que a menudo se siente como si todavía estuviera encarcelado.
El proceso de asilo en México
Barco llegó a México el 16 de noviembre, con solo una mochila con sus pertenencias más básicas. A pesar de su condición de veterano, su solicitud de asilo se ha visto complicada por la burocracia. A partir de diciembre, su caso está en espera en las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) en Tabasco, pero podría tardar hasta un año en resolverse debido a la cantidad de solicitudes pendientes.
Un pasado marcado por la guerra y la cárcel
José Barco creció en Miami después de que su familia huyera de Cuba. Decidió enlistarse en el ejército antes de cumplir 18 años, buscando aventuras y el deseo de servir a su país. Sin embargo, un atentado en Irak lo dejó con graves heridas y desencadenó su batalla con el estrés postraumático, que no fue tratado adecuadamente durante su servicio.
Su vida cambió drásticamente en 2008, cuando un episodio violento lo llevó a ser encarcelado por intento de asesinato, resultando en una condena de 55 años. Pasó 15 años tras las rejas, durante los cuales se casó y tuvo una hija, pero su vida social se vio drásticamente afectada.
El limbo migratorio y la deportación
Una vez liberado, Barco fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) debido a su condición de criminal convicto y enfrentó un intento de deportación a Venezuela, país que no lo aceptó. Finalmente, fue deportado a México, un destino que no se siente como un refugio seguro para él.
«Soy más estadounidense que la mayoría de las personas que son ciudadanas solo porque tuvieron la suerte de nacer allí», reflexiona. A pesar de sus deseos de vivir legalmente en México y retribuir a una nación que lo ha acogido, sigue soñando con regresar a Estados Unidos y reunirse con su familia.
