La reciente reconciliación entre Gustavo Petro, presidente de Colombia, y Donald Trump, ex presidente de Estados Unidos, ha renovado las estrategias del Gobierno colombiano en su lucha contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Armando Benedetti, ministro del Interior y estrecho colaborador de Petro, anunció que ambos líderes acordaron ejecutar “acciones conjuntas” para intensificar esta pelea, subrayando que “hay que darle duro” a este grupo armado. Fundado en la década de 1960, el ELN se ha consolidado como uno de los principales actores del narcotráfico en Colombia, obteniendo un poder militar, económico y territorial significativo tras el fracaso de las negociaciones de paz en años recientes.
El diálogo telefónico entre Petro y Trump representa un cambio notable en sus relaciones, previamente tensas. La Casa Blanca, que había señalado al presidente colombiano como un referente del narcotráfico, ahora se convierte en un aliado crucial para el Ejército Nacional en su lucha contra el ELN. Aunque aún no se han precisado los detalles de esta cooperación, analistas sugieren la posibilidad de un enfoque tripartito que incluya a Venezuela, con el fin de ahogar las operaciones del grupo guerrillero, especialmente en regiones del este colombiano y en territorio venezolano.
En un mensaje publicado en X (anteriormente Twitter), Petro enfatizó la necesidad de desarmar al narcotráfico, destacando que “América Latina debe defenderse de cualquier actor que la desestabilice”. Hizo un llamado a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, para que ambos países trabajen juntos en este objetivo, indicando una disposición para la cooperación regional.
Jorge Mantilla, investigador especializado en conflictos armados, considera que los anuncios del Gobierno abren una “ventana muy grande de oportunidades” para avanzar en la ofensiva contra el ELN, que ha fortalecido su capacidad militar y tecnológica. El ELN ha modernizado sus tácticas, utilizando drones y sensores térmicos, lo cual indica que el grupo ya no se limita a los métodos tradicionales de guerrilla. Además, posee un sólido frente urbano, lo que complica aún más su desmantelamiento.
Durante el último año, el ELN ha llevado a cabo ataques significativos en varias partes del país. En 2025, el grupo inició una violenta confrontación en el Catatumbo contra disidencias de las FARC, resultando en al menos 80 muertes y 85,000 desplazados. También es responsable de atentados en departamentos como Arauca, Valle del Cauca, Cesar y Norte de Santander. En diciembre, declaró un paro armado nacional, acción que la Defensoría del Pueblo calificó como una violación del derecho internacional humanitario.
A pesar de la creciente fortaleza del ELN, Mantilla subraya que sus líderes son conscientes de que la colaboración entre Estados Unidos y Venezuela puede ponerlos en una situación crítica. Este escenario ha llevado al grupo a expandirse a regiones como Vichada y el Amazonas, buscando alternativas geográficas para sobrevivir.
Sin embargo, el ELN ha establecido alianzas en Venezuela, donde actúa como una autoridad de facto en varios territorios. Esto complica la posibilidad de que el régimen de Nicolás Maduro facilite un desmantelamiento efectivo del grupo armado. Jeremy McDermott, codirector de Insight Crime, ha señalado que no existen cambios significativos en las operaciones del ELN en Venezuela, exceptuando eventos puntuales como el traslado de algunas tropas a Colombia.
Las organizaciones criminales, incluido el ELN, parecen sentirse amenazadas por la presión estadounidense. En un video reciente, Iván Mordisco, líder de las disidencias de las FARC, llamó a formar una alianza criminal para contrarrestar la “agresión imperialista” de Washington en Venezuela. Petro respondió que estos llamados son “una excusa para la invasión”, y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, calificó la invitación de Mordisco como un “llamado de auxilio” bajo la presión militar.
Los expertos coinciden en que las posibilidades de reanudar diálogos de paz con el ELN están actualmente sumamente limitadas. Tras llegar al poder con la propuesta de una “paz total”, Petro enfrenta ahora grandes desafíos para negociar, y descarta cualquier acercamiento con el grupo armado en el corto plazo, mientras los enfrentamientos se intensifican.
Mantilla finaliza señalando que la confrontación no es fortuita para ningún actor involucrado; tanto Petro como el ELN están adoptando posiciones estratégicas en un contexto electoral cada vez más tenso.
