El represor argentino Raúl Guglielminetti, acusado de secuestros y torturas durante la última dictadura militar (1976-1983), falleció a los 84 años en su residencia en Mercedes, a 100 kilómetros de Buenos Aires. Guglielminetti había sido colocado en prisión domiciliaria en septiembre pasado debido a su deteriorada salud, tras haber estado recluido en la cárcel de Ezeiza. En julio de 2024, recibió la visita de diputados del partido La Libertad Avanza, vinculado a Javier Milei.
Guglielminetti trabajó como personal civil de inteligencia del Ejército argentino. En los años 70, se hacía pasar por periodista, aunque era identificado por agrupaciones políticas de izquierda como un infiltrado. Se le señala como uno de los principales torturadores en al menos seis centros clandestinos de detención en Buenos Aires. A partir de 1978, durante el Plan Cóndor, dirigió el Grupo de Tareas Exterior (GTE), que facilitó la colaboración de la dictadura argentina con gobiernos de Centroamérica y estuvo involucrado en secuestros extorsivos a inicios de los años 80.
Post-dictadura, Guglielminetti generó controversia al ser reconocido como custodio del entonces presidente Raúl Alfonsín. Tras este suceso, huyó a España, donde fue detenido en el aeropuerto de Barajas y extraditado a Argentina. Enfrentó un juicio por el secuestro y asesinato del industrial Emilio Esteban Naum. Desde su detención en 2006, ha sido condenado a prisión perpetua por múltiples crímenes cometidos en centros clandestinos, incluyendo el circuito Atlético-Banco-Olimpo y otros casos como Chavanne-Grassi y La Escuelita de Neuquén.
Según registros de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, 1.208 personas han sido condenadas por crímenes de lesa humanidad en Argentina desde 2006, con un total de 357 sentencias dictadas. A medida que se acercan los 50 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976, existen 349 causas aún abiertas en el país.
Guglielminetti es recordado por sus declaraciones en los años 80, donde defendía abiertamente sus acciones. En una entrevista de 1986, posó con una colección de esvásticas, afirmando que no era nazi, sino que apreciaba su diseño. A lo largo de su vida, nunca mostró arrepentimiento ni colaboró en la búsqueda de personas desaparecidas, lo que ha sido documentado por organizaciones de derechos humanos como H.I.J.O.S Capital.
Durante la visita de los diputados de La Libertad Avanza a un grupo de genocidas, Guglielminetti entregó un sobre con propuestas para facilitar la prisión domiciliaria a detenidos mayores de 70 años. Aunque esta iniciativa no prosperó, su salida a la luz generó un amplio rechazo en la sociedad. Guglielminetti pasó sus últimos días en su hogar, bajo el cuidado de su esposa y una hija.
