El vino chileno florece en el desierto más árido del mundo

El vino chileno florece en el desierto más árido del mundo

Viñedos en el Desierto de Atacama: Un Milagro Agrícola

En el corazón del desierto más árido del mundo, el de Atacama, crecen hectáreas de parras, lo que muchos consideran un verdadero milagro agrícola. Tomás Salazar, un venezolano de 37 años, trabaja en una de las nuevas viñas plantadas en el municipio de Pica, en la región norteña de Tarapacá, donde cinco variedades de uvas florecen a pesar de las adversidades climáticas.

Variedades de Uva en Condiciones Extremas

Las condiciones en Tarapacá son extremas: intensa radiación solar, vientos fuertes, suelos salinos y escasez de agua. Sin embargo, las cepas que aquí prosperan incluyen el país (listán prieto), gros colman, ahmeur bou ahmeur, torrontés riojano y la única cepa chilena registrada, el tamarugal. Esta última ha sido reconocida por su calidad, ganando medallas de oro en concursos como el Catad’Or Wine Awards y siendo catalogada como un vino “súper premium”. Su desarrollo ha estado respaldado por científicos de la Universidad Arturo Prat (UNAP).

El tamarugal se originó probablemente de una mutación genética de otras vides cultivadas en Tarapacá desde finales del siglo XVI. Este vino chileno ha logrado captar la atención a nivel internacional, pero su historia no es tan conocida como la del carmenere, que resurgió en 1994 tras ser creído extinto.

Resurgimiento de la Viticultura en Tarapacá

La ingeniera agrónoma Ingrid Poblete es una de las figuras clave en la resurrección de la viticultura en Tarapacá. Inició su investigación en 2003, dando lugar a un programa para recuperar cepas ancestrales. En 2004, estableció un jardín de variedades en el Centro Experimental de la UNAP, donde las parras llevan los nombres de quienes las plantaron, incluidos los pioneros de este esfuerzo.

Además, la UNAP apoya a los nuevos viticultores proporcionando capacitación, semillas y asesoría técnica, asegurando el cuidado de estos cultivos en el tiempo. Poblete enfatiza que su enfoque está en la sostenibilidad y en la preservación del medio ambiente, fomentando prácticas agrícolas que permiten la producción de vinos de alta calidad sin comprometer los recursos.

Innovación y Sustentabilidad

El modelo de negocio que promueven gira en torno a cultivaciones boutique, que emplean poca superficie pero generan productos con alto valor añadido. Las viñas utilizan agua dulce milenaria extraída del subsuelo de la Pampa de Tamarugal, con sistemas de riego de alta eficiencia para evitar agotamiento.

“No queremos competir con otros, buscamos diferenciarnos y ser un laboratorio de innovación agrícola”, afirma Poblete, señalando que el desierto puede convertirse en un nuevo terroir para el vino a nivel mundial. Además de las uvas, también se cultivan otros frutos, como limones y mangos, que se utilizan para producciones de destilados.

Desafíos y Oportunidades en la Viticultura

Los agricultores enfrentan desafíos únicos, como lo confiesa Celestino Cruzpaco, un boliviano de 52 años que trabaja en la propiedad “Doña Franitza de los Puquios”. La necesidad de riego constante resalta la valentía de quienes se dedican a cultivar en estas condiciones tan extremas. Christopher Frank y su padre, que han invertido en viñedos en La Tirana, comparten esta percepción, destacando la singularidad de la cepa tamarugal.

El desarrollo de la viticultura en el desierto de Atacama no solo es una solución para los cultivos enfrentados al cambio climático en el centro y sur de Chile, sino que también atrae la atención de académicos internacionales interesados en establecer colaboraciones. “Hoy hay una opción para mirar al norte”, concluye Poblete, refiriéndose al potencial de esta nueva frontera agrícola.

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