El Helicoide: De centro comercial en desuso a polémico centro de detención

El Helicoide: De centro comercial en desuso a polémico centro de detención

El Helicoide: De símbolo de progreso a prisión en Caracas

El Helicoide es un edificio que trasciende su función original como mero contenedor de actividades humanas. Concebido como un sistema arquitectónico, se manifiesta como un diagrama tridimensional del mundo y una máquina ideológica en forma de hormigón. Su historia se remonta a la Venezuela de los años cincuenta, cuando el país, bajo el liderazgo del dictador Marcos Pérez Jiménez, disfrutaba de una bonanza económica impulsada por el petróleo y un ambiente de aparente estabilidad política.

Una ambición arquitectónica desmesurada

El Helicoide se diseñó con la aspiración de ser un centro comercial que se recorriese en vehículo, una estructura que prometía un movimiento continuo. Con una rampa en espiral que se eleva sobre Caracas, el edificio transformaba el consumo en un trayecto mecánico. El proyecto, obra de los arquitectos Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst, contemplaba cientos de tiendas, ocho cines, un hotel de lujo, un club privado, un palacio de espectáculos y un helipuerto, todo coronado por una cúpula geodésica que, se pensó, reflejaría la luz tropical, convirtiéndose en un símbolo abstracto de progreso.

La construcción y su estancamiento

Las obras del Helicoide comenzaron en 1956, marcadas por la admiración de un sector privilegiado que vio en esta estructura un ícono del futuro. Sin embargo, el colapso del régimen en 1958 trajo consigo una congelación de fondos y numerosos litigios, lo que llevó a la quiebra de la empresa constructora. Aunque se completaron algunas partes, el Helicoide nunca llegó a ser la obra monumental que se había proyectado, quedando expuesto a actos de vandalismo, el agua y las condiciones climáticas adversas.

Transformación en un espacio habitado

En la década de 1970, miles de personas sin hogar ocuparon el edificio. Las rampas, pensadas para automóviles, se convirtieron en refugios improvisados, y el Helicoide se transformó en una ciudad informal dentro de una edificación de diseño futurista. Este estado de ocupación fue breve y culminó en desalojos, dejando el edificio sumido en un vacío expectante.

Un pasado oscuro como centro de detención

A partir de 1982, el Estado tomó control del Helicoide, estableciendo oficinas administrativas y centros de seguridad. En 1984, la DISIP (Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención) lo convirtió en su sede y en un lugar de detención. Durante eventos políticos significativos, como el intento de golpe de Estado de 1992, el edificio sufrió daños por un bombardeo. Sin embargo, se reconstruyó y, desde 2010, bajo el régimen de Nicolás Maduro, el Helicoide se ha utilizado como centro de detención del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional).

Denuncias de violaciones a los derechos humanos

En su nueva función, el Helicoide ha sido acusado de prácticas inhumanas. Organizaciones como Human Rights Watch han denunciado torturas, hacinamiento extremo y abusos sexuales en su interior. Los lugares que alguna vez albergaron comercios han sido rebautizados por los prisioneros con nombres que evocan una realidad aterradora.

El futuro incierto del Helicoide

A día de hoy, el Helicoide continúa erguido sobre Caracas, con un futuro incierto. Aunque se han planteado cambios por parte de las autoridades, su destino sigue siendo un enigma. La historia del Helicoide se erige como un espejo de la compleja realidad sociopolítica de Venezuela, reflejando un viaje de ambición, decadencia y sufrimiento.

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