Se buscan mandos militares «católicos con evidencias» y «sin afinidades políticas» para salvar al Rey
Un documento desclasificado por el Ministerio de Defensa, titulado “Índices de Subversión en las Fuerzas Armadas”, ofrece una visión inquietante de la situación en el ámbito militar español tras el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Fechado en diciembre de 1981, el informe destaca que, a pesar de la detención de los implicados en el golpe, los problemas en el Ejército persistían y se intensificaban.
El informe, clasificado como «Secreto», señala la existencia de «rumores alarmantes» diseñados para “confundir y dividir” a los militares. Estos intentos de subversión incluyen el envío de cartas y panfletos, la mutilación de retratos oficiales, y la aparición de pintadas contra el Rey, así como mensajes que ridiculizan al Gobierno. Además, se mencionan “actitudes irrespetuosas e insolentes hacia los mandos” y conversaciones abiertas sobre órdenes recibidas, evidenciando un clima de descontento creciente.
El documento reconoce que el Estado ha permitido que este clima de subversión se agrave, evidenciando una falta de atención que podría distanciar a los mandos militares de la clase política y del espíritu constitucional. Desde la muerte de Franco, la aceptación del Rey por parte de las fuerzas armadas había sido general, pero a partir de 1980 esa confianza comenzó a erosionarse, influenciada por la cobertura mediática sensacionalista. El informe concluye que la figura del Rey está sufriendo un deterioro tanto personal como profesional, lo que requiere de una intervención inmediata.
Para revertir esta situación, el documento propone la búsqueda de nuevos “líderes militares”. Estos deben cumplir con requisitos de experiencia operativa y valor, pero también se enfatiza la necesidad de que sean “católicos con evidencias” y carezcan de “afinidades políticas”, además de tener habilidades para interactuar con los medios de comunicación. Este nuevo enfoque tiene como objetivo frenar el control permanente del Rey sobre el Ejército y elevar su liderazgo, al tiempo que se reafirma la lealtad del Ejército hacia el Rey, la Constitución y el Gobierno.
