El Testimonio de una Mañana de Invierno en la Vicaría de la Solidaridad
Era un sábado de invierno en Santiago, Chile, durante la década de 1980, un periodo marcado por el estado de sitio. En mis funciones como periodista de la revista Hoy, recibí la orden de investigar un allanamiento en el campamento Raúl Silva Henríquez, ubicado en la zona sur de la ciudad. Acompañado por el fotógrafo Nelson Muñoz, tomamos un taxi hacia el lugar.
Despliegue Militar y el Ambiente Tenso
Durante el trayecto, observamos camiones repletos de soldados con rostros pintados de negro, una imagen ominosa que anunciaba lo que podría ser un conflicto. Arribamos al campamento, un terreno desolado con algunas construcciones precarias al fondo. Al acercarnos, notamos que un gran número de pobladores se encontraban al aire libre, en una situación de vulnerabilidad.
La Amenaza Inminente
Nelson decidió subir a un galpón para tomar fotografías. Al poco tiempo, sentí el cañón de una pistola en mi nuca. La orden fue clara: “Camina”. Rodeados por un grupo de civiles, nos hicieron posicionarnos espalda con espalda en el centro de la cancha. Un soldado apuntaba su fusil hacia el infinito, mientras una multitud observaba en un silencio abrumador.
La situación se tornaba cada vez más inquietante. Los hombres mayores de 14 años eran sacados de sus casas por el ejército, quienes registraban tanto las viviendas como la documentación de sus habitantes. El frío penetraba hasta los huesos mientras los minutos se alargaban y el miedo se intensificaba.
La Revisión Invasiva
Un vehículo se detuvo de repente, levantando nubes de polvo. Varias personas bajaron, incluyendo a una mujer que comenzó a revisar mi cartera. Nos inspeccionaron las credenciales de prensa, confiscando mi grabadora, un acto que simbolizaba un mensaje de amedrentamiento hacia nosotros y hacia los pobladores presentes.
La Liberación y el Regreso a la Realidad
De pronto, se dio la orden de liberarnos. Con Nelson comenzamos a avanzar hacia nuestro taxi. A lo lejos, vi a mi colega Tati Penna, quien había alertado a radio Cooperativa acerca de nuestra situación. Al caminar entre los pobladores, algunos me tocaron en un gesto de apoyo silencioso. Las lágrimas brotaron mientras llegábamos al taxi. El taxista, visiblemente afectado, rompió en llanto al confesar que había visto todo lo que aconteció.
La Vicaría de la Solidaridad: Refugio y Testimonio
Días después, recuperando el aliento, denuncié lo ocurrido en la Vicaría de la Solidaridad. Este episodio marca una de las pocas veces que compartí un testimonio personal sobre las experiencias vividas en la dictadura. Durante 50 años, la Vicaría ha sido un refugio para muchos y un símbolo de resistencia y lucha por los derechos humanos en Chile.
La Vicaría no solo brindó ayuda a los más vulnerables, sino que se convirtió en la principal fuente de información confiable en tiempos de represión. Su labor fue reconocida tanto a nivel nacional como internacional, siendo un faro de esperanza para aquellos que buscaban respuestas en medio de un clima de miedo.
Compromiso por los Derechos Humanos
A pesar de la adversidad, sus puertas siempre estuvieron abiertas para mujeres que buscaban a sus familiares desaparecidos. Los trabajadores de la Vicaría, con valentía y dedicación, arriesgaron sus vidas para defender los derechos humanos, salvando muchas a su vez. Su legado perdura como un compromiso firme en favor de la justicia y memoria histórica.
Un Legado que Perdura
Hoy, la Vicaría de la Solidaridad se presenta como un símbolo de dignidad y resistencia. Su historia, un relato entre luces y sombras, refleja el coraje y la memoria de aquellos que lucharon por un país mejor. Un testimonio de lo que fue y lo que se negó a ser, que nos invita a recordar y reflexionar.
