La Crisis Energética en Cuba: Historias de Jóvenes ante el Colapso
El antropólogo cubano José María, de 24 años, no presenció la conferencia de prensa del presidente Miguel Díaz-Canel el 5 de febrero, donde discutió la crisis energética en Cuba, intensificada por las sanciones de Estados Unidos y el cese de envíos de petróleo desde Venezuela. Tras un día agotador, donde asistió a un partido de béisbol en el Estadio Latinoamericano, conocido como “El Coloso del Cerro”, regresó a casa sin interés por las palabras del dirigente.
Una Juventud Nostálgica
A pesar de la victoria de su equipo, los Leones de Industriales, el ambiente del estadio era sombrío. “Lo que me transmite es una profunda tristeza: el colapso de una sociedad”, afirma José María, quien ha visto cómo el Estadio, que fue escenario de su infancia, ahora se presenta con gradas vacías.
En su casa en Centro Habana, cenó con una joven que había estado conociendo, y después decidió ver en YouTube Pizza, birra, faso, una película argentina sobre jóvenes asaltando en un contexto severo. Al día siguiente, se enteró de los resúmenes de la conferencia y se mostró crítico ante el llamado del Gobierno para que los municipios se autoabastecieran de alimentos, considerando que esta regla resulta injusta por las limitaciones impuestas a los campesinos.
Afectaciones y Realidades Cotidianas
Afortunadamente, José María vive en una zona “privilegiada” que no sufre apagones frecuentes. Sin embargo, observa la desolación en barrios aledaños, donde las viviendas precarias se quedan sin luz y agua. Preguntándose qué sucederá si Cuba se queda sin petróleo, comparte que la imaginación se ha vuelto un lujo en la isla.
Díaz-Canel, en su alocución de casi dos horas, anunció la Opción Cero, un plan de contingencia que recuerda al Período Especial, y anticipó “tiempos difíciles”, mencionando medidas como el cierre de edificios gubernamentales y la reducción del transporte interprovincial.
Perspectivas de Lidia: Una Nueva Generación
Lidia, de 29 años y periodista graduada de la Universidad de La Habana, vive en Santiago de las Vegas con sus padres. Trabaja como dependienta en una tienda de equipos fotovoltaicos, un trabajo que considera mejor de lo que esperaba. Sin embargo, al final del día, los costos del transporte han aumentado radicalmente, impactando su economía personal.
Mientras compartía con su familia, descubrió que su tío les había enviado un generador portátil para afrontar la falta de electricidad, esencial para cocinar. Aunque no pudo ver toda la conferencia, leyó su contenido y se sintió alarmada por la normalización de una crisis que afecta a todos en distintas formas.
Cambio de Hábitos ante la Adversidad
La vida cotidiana de Lidia y otros ciudadanos cubanos se ha adaptado a estas limitaciones. Ella ha comenzado a preparar encurtidos para conservar alimentos, mientras que José María gasta una gran parte de su salario en comida. La situación refleja una creciente desigualdad en la isla, donde los precios en el mercado informal son inalcanzables para muchas familias.
Mientras el fantasma del Período Especial ronda nuevamente, una sensación de desesperanza crece, especialmente entre aquellos que han vivido tanto las viejas crisis como las actuales. José María, Lidia y Alejandra, con sus diferentes luchas, enfrentan un futuro incierto en un contexto donde cada día parece ser una repetición de dificultades pasadas.
El sentimiento colectivo es uno de agobio y adaptación. Las historias de estos jóvenes reflejan una realidad cambiante que resuena en cada rincón de Cuba.
