El colapso del sistema de salud en Cuba
A pocas calles de la emblemática plaza de la Revolución, en La Habana, la doctora Omitsa Valdés atiende a sus pacientes en un local deteriorado. En este consultorio, los pacientes están obligados a traer jeringuillas y medicamentos de casa. Al realizar exámenes generales, Valdés es clara: “Si no tienes cómo conseguir los reactivos, no puedo hacer nada por ti”, le dice a una paciente mientras usa papeles reciclados para redactar recetas. Esta situación refleja la profunda crisis que atraviesan los servicios médicos en Cuba.
Un sistema de salud en decadencia
En el pasado, la atención médica cubana era considerada un modelo a seguir por organismos como la OMS y la ONU. El programa Médicos de Familia, al que pertenece Valdés, era un ejemplo de atención primaria universal. Sin embargo, en la actualidad, la escasez de medicamentos y el éxodo de profesionales de la salud han transformado este sistema en objeto de constantes críticas. Según informes, la falta de medicamentos roza el 70%, mientras que la atención de enfermedades como el dengue y el chikungunya se complica por la reducción en el número de médicos, que ha pasado de uno por cada 350 personas en los años ochenta a uno por cada 1,500 actualmente.
Las repercusiones de la crisis
La falta de recursos en la salud simboliza el desmoronamiento de un modelo que durante décadas fue el orgullo de la Revolución cubana. Las conquistas en salud, educación y bienestar social se desmoronan sin remedio. La población ha perdido la esperanza, mientras que el aparato de represión del Estado parece mantenerse intacto. Los hospitales sufren apagones frecuentes y carecen de lo más básico.
Testimonios de alquiler de atención médica son cada vez más comunes. La doctora Valdés, por ejemplo, se dedica a atender pacientes con catarros y dolencias menores, mientras los más graves deben lidiar con la falta de medicinas. “La potencia médica se jodió hace rato”, dice una anciana que espera en el hospital Miguel Enríquez, donde las condiciones son precarias.
La educación también sufre
Cuba alardeaba de tener un sistema educativo robusto, pero las recientes decisiones del gobierno, como el cierre temporal de universidades, amenazan con desmantelar este logro. A nivel primario y secundario, las clases continúan, pero las interrupciones debido a la falta de electricidad son frecuentes. Niños como Thiago, de siete años, enfrentan días de clases sin luz, siendo conscientes de la crisis energética que les rodea.
Represión y control social
Mientras tanto, la represión se intensifica. Yanet Rodríguez Sánchez, en Holguín, fue detenida por la Seguridad del Estado mientras se dirigía a un juzgado para hacer seguimiento a la captura de dos influencers críticos con el gobierno. Las patrullas y las detenciones se han vuelto más comunes en un contexto de creciente tensión política.
La revolución cubana, que solía ser un modelo de integración social, hoy enfrenta una fragmentación interna. Las comunidades ya no funcionan como delatores del gobierno, y muchos prefieren actuar en unidad frente a las injusticias. La tormenta se intensifica, mientras el gobierno prioriza el control sobre el bienestar de la población.
Una economía golpeada
Las estadísticas en el ámbito económico son desgarradoras. En los últimos cinco años, el PIB cubano ha disminuido en un 11%. La caída de la producción y la dependencia de importaciones han causado un aumento significativo en la inflación, que supera el 10%. La actual crisis de abastecimiento también afecta la seguridad y bienestar de la población cubana, que se ve forzada a vivir con un salario medio mensual de apenas 15 dólares.
El cierre de fronteras durante la pandemia y el estrangulamiento de recursos por parte del gobierno estadounidense han agudizado la crisis. A esto se suma una situación humanitaria severa, donde una parte significativa de la población no tiene acceso a comidas diarias adecuadas.
La migración como salida
Un éxodo sin precedentes se ha desatado en Cuba, donde la población ha disminuido de 11 millones a 8.5 millones entre 2022 y 2024. Muchos cubanos han optado por abandonar el país en busca de mejores oportunidades, y la desesperación se hace eco entre quienes quedan atrás. Las tensiones en la comunidad cubana en el exterior aumentan con debates entre los que piensan que la ayuda externa sostiene al régimen y aquellos que claman por la necesidad de seguir ayudando.
La precariedad en el turismo
Varadero, el motor turístico de Cuba, también refleja esta crisis. Las cifras de visitantes han caído drásticamente, creando un vacío en la economía local. A pesar de que algunos hoteles continúan abiertos, las operaciones y la oferta de servicios son apenas un eco de lo que solían ser. Este cambio impacta directamente a los trabajadores del sector, que ven reducirse su capacidad de generar ingresos.
Un panorama desolador se dibuja en las calles de La Habana, donde la inseguridad crece y los enfrentamientos entre la población y las fuerzas de seguridad aumentan. La represión se ha intensificado, generando un clima pesado que contrasta fuertemente con la imagen que el estado intenta proyectar al exterior.
La realidad en Cuba es compleja y dolorosa, caracterizada por un sistema de salud en decadencia, una economía en crisis y un clima social de incertidumbre y represión. Cada día se viven nuevos desafíos en este país caribeño, fundamentalmente marcado por un deseo de cambio que aún parece distante.
