Morena se presenta como un modelo de construcción política sin un manual claro, lo que representa tanto oportunidades como riesgos significativos. La presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado una notable capacidad para definir el rumbo de su administración.
Hasta ahora, su llegada a la presidencia de México, en el marco de un nuevo partido, ha llevado a un empoderamiento de Sheinbaum, quien ha luchado por merecer su posición y está lista para encabezar la segunda etapa de un mandato que busca un cambio radical.
A poco más de un año de asumir el cargo, Sheinbaum ha confirmado que es la mejor opción para suceder a Andrés Manuel López Obrador, un líder que ha sido tanto dinámico en la oposición como tumultuoso en su gobierno.
Durante estos meses, la presidenta se centra en reinventar la administración sin romper con el legado de su predecesor, honrando lo establecido mientras introduce cambios y adaptaciones necesarias.
Para alcanzar este equilibrio, Sheinbaum ha mostrado firmeza al enfrentar resistencias internas, provenientes de aliados electorales que se consideran más relevantes de lo que son y de morenistas que se declaran más a la izquierda que ella.
En anticipación de la prometida reforma electoral, que busca romper con el monopolio de las direcciones sobre las candidaturas, es importante observar los cambios internos dentro de su gobierno.
La presidenta avanza con sutileza, en lo que anteriormente fue descrito por una colaboradora como la metamorfosis de una «compañera» del movimiento a convertirse en la jefa del Ejecutivo.
La transición política en México, que se ha intensificado a lo largo de 70 años desde la Revolución, ha permitido un refresco en los equipos de gobierno y ajustes en las políticas. A diferencia de las administraciones del ciclo 2000-2018, que no vieron necesidad de reglas claras para la transición, el período que se inicia en 2024 es sin precedentes.
Tanto los analistas externos como los miembros de su partido se han equivocado al suponer que Sheinbaum realizaría un cambio abrupto en su relación con López Obrador; en cambio, se está produciendo un sutil cambio estructural.
La presidenta ha tomado decisiones clave desde su llegada, como la salida de Pablo Gómez de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y la destitución de Alejandro Gertz Manero como fiscal general, así como la pérdida del cargo del director del CIDE, un puesto asignado por el anterior mandatario.
Estos cambios marcan una serie de señales claras que contradicen a aquellos que, como Marx Arriaga, former titular de la Dirección de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, no reconocen la transformación en curso. La reciente salida de Arriaga del cargo, lejos de ser digna, se ha convertido en un tema de burla para la oposición y un punto de vergüenza para algunos miembros del grupo cercano a López Obrador.
El hecho es que Arriaga no comprende que Sheinbaum tiene un rol distinto en la definición del obradorismo y que, aunque busca un enfoque colaborativo, mantiene el control en sus manos.
Es evidente que la presidenta ha decidido no hacer caso a quienes la consideran prisionera de un grupo considerado radical. Aunque existen elementos en Morena que se identifican como tales, la postura de Sheinbaum refleja tanto su identidad política como su compromiso con las propuestas que defendió durante su apoyo a López Obrador.
Los llamados «duros» en Morena son aquellos que, sin hacerse cargo de las implicaciones de sus iniciativas, critican la administración actual mientras se benefician del erario. La reciente situación de Arriaga pone de manifiesto que la dinámica ha cambiado: ahora es la presidenta quien determina quién ocupa los puestos y bajo qué circunstancias.
A pesar de algunos titubeos en el proceso de transformación, la presidenta enfrenta las críticas de manera calmada, manteniendo un discurso abierto al diálogo sin comprometer sus decisiones firmes. Esto se refleja en cómo se han modificado los nombramientos y se han puesto en marcha nuevas reglas en la administración.
La situación de figuras como Adán Augusto López, Gertz Manero y ahora Marx Arriaga resalta que, bajo la presidencia de Sheinbaum, los puestos deben ser justificados ante ella, lo que ha llevado a varios a reevaluar su posición y permanencia dentro del gobierno.
