Tibú y el Conflicto en el Catatumbo: Una Realidad Agobiante
En el Catatumbo, una región del norte de Colombia, la violencia se ha convertido en una constante. Un autobús avanzaba durante casi cinco horas, atravesando una carretera en mal estado, cuando llegó a Tibú, la capital del Catatumbo. Lo que pudo ser simplemente una parada se tornó en una inquietante experiencia. Un guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN), armado y vestido de civil, subió al vehículo y cuestionó a los pasajeros sobre su motivo de visita, al notar la presencia de extranjeros.
—¿Ustedes son una comitiva humanitaria? —profirió, frunciendo el ceño.
A pocos kilómetros, un joven armado con un revólver se acercaba a una camioneta blindada, exigiendo que se bajaran las ventanillas. La tensión aumentó hasta que un militar se acercó, evitando así un posible tiroteo. Este tipo de situaciones es una parte intrínseca de la vida diaria en el Catatumbo, un territorio en el que la libertad de movimiento y expresión se ha visto severamente restringida desde hace más de un año.
Un Conflicto Desgarrador
Catatumbo es reconocido por ser uno de los principales productores de coca en Colombia y está sumido en un conflicto que ha escalado de manera alarmante. Desde el 16 de enero de 2025, tras el asesinato de un funerario y su familia, la violencia entre el ELN y el Frente 33, una facción de las disidencias de las FARC, ha desencadenado una crisis humanitaria sin precedentes en dos décadas.
Según la organización Vivamos Humanos, más de 99,000 personas han sido desplazadas, la mayoría campesinos, y se han reportado más de 170 homicidios en 2025, convirtiendo a Catatumbo en el área más peligrosa de Colombia. El comercio se ha detenido, y el miedo a salir a trabajar crece cada día, complicando aún más la situación de las familias afectadas.
La Vida en el Catatumbo
La vida diaria está marcada por el temor y la desesperación. Las comunidades se ven atrapadas en una guerra que no solo se libra en el frente sino también con métodos innovadores. Las minas en los caminos y el uso de drones con explosivos son parte de un panorama aterrador. Las víctimas colaterales son la población civil, que vive bajo una sombra constante de violencia y represión.
Las carreteras, deterioradas y desoladas, atraviesan barrios desiertos y muestran la huella de la guerra. En el Kilómetro 25, uno de los pueblos visitados por la comitiva humanitaria, la inactividad es palpable. Los bares están cerrados y las escuelas han dejado de funcionar, mientras los grafitis del ELN cubren las casas vacías.
Confinamiento y Desesperanza
Aproximadamente 30,000 personas han estado confinadas durante la crisis. Muchos se ven obligados a permanecer en sus hogares, mientras que otros, como Lucía, una campesina de 40 años, esperan ayuda del Estado que no siempre llega. Lucía lleva más de un año sin dormir en su finca debido al constante sonido de los disparos.
La situación en el Catatumbo es un reflejo del abandono estatal, donde no hay acceso a servicios básicos, y las familias viven con miedo. Para los que eligen quedarse, es una cuestión de resistencia y compromiso con su tierra. Sin embargo, la urgencia de la inversión social es innegable. “Aquí lo que hace falta es inversión social. Siempre hemos estado abandonados”, señala uno de los líderes comunitarios.
La Intervención Humana y el Futuro
Las comitivas humanitarias, como la de Vivamos Humanos, intentan proporcionar asistencia en medio de esta crisis. Durante una reciente intervención, más de 20 instituciones gubernamentales intentaron abordar la situación, pero el impacto real aún está por verse. Las familias esperan desesperadas, enfrentándose no solo al reclutamiento forzado de sus hijos por el ELN, sino también a una vida de constantes miedos y privaciones.
En esta atmósfera de incertidumbre, el lema de una organización local resuena con fuerza: “No parimos hijos para la guerra”. Las madres y líderes comunitarios continúan luchando por un futuro libre de violencia para sus hijos.
El Catatumbo, con toda su complejidad y sufrimiento, se ha convertido en un microcosmos de la lucha por la paz y la justicia en Colombia, dejando al mundo la tarea de prestar atención a una región olvidada, marcada por el conflicto.
