Camilo: Recordando su legado 60 años tras su fallecimiento

Camilo: Recordando su legado 60 años tras su fallecimiento

“Yo no voy a discutir con los comunistas si el alma es mortal o inmortal. Pero me puedo poner de acuerdo en que el hambre es mortal.”

Esta frase refleja el idealismo y pragmatismo de Camilo Torres Restrepo, quien promovía el “amor eficaz” como una respuesta a las necesidades de los pobres. Su ética política se centraba en la unidad y el compromiso con la vida de los desfavorecidos, abordando la revolución como una manifestación de amor organizado. Este enfoque transformó la compasión en acción y buscó crear nuevas estructuras sociales para acabar con el hambre, a pesar de las discusiones teológicas que lo distraían.

Con motivo del sexagésimo aniversario de su muerte y el posible hallazgo de sus restos, se presenta la oportunidad de reflexionar sobre el significado de la lucha revolucionaria en Colombia. Este período, que surgió durante la Guerra Fría, sigue vigente en el país, mientras que a nivel global concluyó hace más de tres décadas. Recuerdos de los años escolares, donde resonaban las canciones de artistas como Piero, y los ecos de movimientos como el Mayo del 68, se entrelazan con la figura de Camilo Torres. Este líder, conocido por su trágico enfrentamiento en 1966, dejó una huella profunda en la historia de Colombia.

El camino hacia el ELN

La transición de Camilo Torres hacia la lucha armada comenzó en enero de 1965, cuando inició contactos con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Después de renunciar al sacerdocio en junio de ese año, se unió al activismo político con el Frente Unido, esperando unirse a la insurgencia armada, lo cual ocurrió en octubre de 1965. Su experiencia en sociología y la ética cristiana lo llevaron a concluir que la realidad colombiana requería un cambio estructural del poder, ya que la oligarquía estaba en control de los recursos del país.

Torres se convirtió en un líder carismático y relevante en la escena política. Durante el segundo semestre de 1965, llenó plazas públicas y atrajo a miles de personas de diferentes sectores, convirtiéndose en la voz de los “hombres sin voz”. En su labor en la Universidad Nacional, fue proclamado rector por los estudiantes, consolidando su figura como un candidato alternativo al bipartidismo del Frente Nacional.

Reflexionando sobre su legado

Al conmemorarse seis décadas de su muerte, surge la pregunta sobre el legado que dejó Torres y el impacto del ELN en esa lucha. La imagen del sacerdote que alguna vez sembró esperanza ha sido distorsionada por la organización guerrillera, que se ha desviado hacia actividades relacionadas con el narcotráfico y la minería ilegal. Según el profesor Carlos Medina Gallego, el ELN se ha transformado en una estructura con escaso proyecto político y militantes sin formación, lo que genera una degradación en su lucha.

La utilización de jóvenes campesinos como recursos en este conflicto es lamentable. La promesa de una “guerra de resistencia” se ha convertido en una justificación para lograr beneficios económicos personales. Esta realidad se replica en su presencia en Venezuela, buscando controlar las riquezas del Arco Minero del Orinoco, en medio de un trasfondo de minería ilegal.

La memoria de Camilo Torres debería evocar un mensaje de amor y solidaridad con los sectores más vulnerables de la sociedad colombiana, que aún enfrenta profundas desigualdades. Este enfoque contribuiría a honrar su legado de manera adecuada, recordando que su lucha inicial fue por un cambio social genuino.

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