El Manual de supervivencia para padres en la era digital, escrito por la psiquiatra Beatriz Martínez y publicado por Espasa, se presenta como una guía imprescindible en un contexto donde el uso de las redes sociales por parte de menores de edad está en el debate público. Este libro estará disponible en librerías a partir del 18 de febrero, poco después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, propusiera restringir el acceso a estas plataformas a los menores de 16 años. La obra de Martínez combina evidencia científica sobre el impacto de la tecnología en la salud mental de los jóvenes con técnicas prácticas para que padres y educadores gestionen eficazmente la educación digital.
La importancia de la regulación en la era digital
P. ¿Considera adecuada la prohibición de redes sociales para menores de 16 años?
R. Creo que es necesaria una legislación. Al igual que el mundo físico, el entorno digital también requiere regulación. Sin embargo, no debe interpretarse como una excusa para no educar a los menores sobre el uso seguro de la tecnología. Este manual nace con el propósito de preparar a padres y educadores para iniciar la enseñanza digital desde las primeras etapas de la vida de los niños.
Iniciar la educación digital desde el nacimiento
P. ¿Qué propone en cuanto a la educación digital?
R. La educación digital debe comenzar desde que los niños son bebés. Es preocupante ver a bebés y niños pequeños utilizando dispositivos móviles sin la supervisión adecuada. Al llegar a los 16 años, no podemos permitirles el acceso total sin haberles enseñado antes a pensar de manera crítica sobre lo que encuentran en internet, especialmente con el auge de la inteligencia artificial y noticias falsas.
Consecuencias del uso anticipado de las redes
P. Existen estudios que correlacionan el uso temprano de redes sociales con la salud mental. ¿Qué opina al respecto?
R. Así es. Se ha comprobado que los jóvenes que acceden a redes sociales antes de los 15 años muestran indicadores de salud mental significativamente peores, incluyendo ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas.
Edad de corte y acompañamiento personalizado
P. ¿Es apropiada la edad de 16 años como límite?
R. Tiene sentido. En algunos países se ha elegido los 15 años, pero en España, los 16 años son coherentes con otros logros legales, como el consentimiento sanitario. Cada adolescente requiere un tipo de acompañamiento adaptado a sus necesidades, así como diferentes niveles de límites en el uso de internet.
El acceso a la tecnología en la infancia
P. ¿Qué riesgos implica una exposición temprana y no controlada a internet?
R. El principal problema radica en la adicción a plataformas que promueven un «scroll» infinito y contenidos que generan emociones extremas. Esto puede llevar a consecuencias graves en la salud mental, especialmente en jóvenes vulnerables.
Aspectos positivos de la conexión digital
P.¿Hay beneficios potenciales en las redes sociales?
R. Definitivamente. Internet ofrece la posibilidad de conectarse con comunidades afines, por ejemplo, para quienes se sienten diferentes en su entorno. Esto permite compartir intereses y encontrar apoyo en colectivos vulnerables.
Propuestas para un uso seguro de la tecnología
P. ¿Sería útil crear dispositivos limitados para adolescentes?
R. Sí, es una buena idea. Así como existen ciclomotores con limitaciones de velocidad, podríamos tener dispositivos que restringen el acceso a ciertos contenidos, impidiendo que se alteren los controles parentales establecidos.
La comunicación como clave en la educación digital
P. ¿Cuál es la mejor forma de abordar el tema con los hijos?
R. La clave es fomentar el diálogo. Si se critica un interés sin entenderlo, se corta la comunicación. Hacer preguntas sobre lo que consumen ayuda a establecer una relación más abierta y honesta, previniendo el aislamiento.
Uso progresivo de la tecnología
P. ¿Cuál es su opinión sobre la edad adecuada para que un niño tenga un móvil propio?
R. No antes de los 14 o 15 años, y siempre con restricciones. El acceso individual a dispositivos debería ser limitado hasta los diez años; es mejor promover un uso compartido y supervisado.
Estableciendo límites claros
P. ¿Qué medidas implementaría con su propia hija respecto al uso de dispositivos?
R. Firmaría un contrato que defina claramente las expectativas y límites en el uso del dispositivo. Esto permitirá renegociar el acuerdo a medida que crezca y establece que el dispositivo sigue siendo una herramienta supervisada por los padres.
